Alejandra Pizarnik, la poeta que no era de este mundo

Alejandra Pizarnik
A 54 años de su muerte recordamos a Alejandra Pizarnik

A 54 años de su muerte recordamos a la gran lectora y trabajadora obsesiva de la escritura que forjó una voz poética única y dejó una obra fundamental para la literatura hispanoamericana.

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«Simplemente no soy de este mundo (...) Me iré y no sabré volver», escribió en una carta a su psicoanalista, León Ostrov. La poeta, ensayista y traductora argentina Flora Alejandra Pizarnik Bromiker nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes judíos provenientes de Europa oriental. Desde muy joven supo que la literatura sería el centro de su existencia. Considerada una de las voces poéticas más importantes de las letras hispanoamericanas del siglo XX, diversas biografías señalan que desde la adolescencia enfrentó dificultades que afectaron su autoestima y que, a lo largo de su vida, atravesó profundos padecimientos psíquicos que motivaron extensos tratamientos psiquiátricos y psicoanalíticos.

Alejandra Pizarnik estudió Filosofía y Letras, Periodismo y Pintura. Su primera obra publicada fue La tierra más ajena (1955). Un año después apareció La última inocencia, libro dedicado a su psicoanalista. En sus diarios reflexionó sobre la muerte, la soledad, la angustia y la búsqueda de identidad, temas que luego atravesarían su producción literaria. También sintió fascinación por el surrealismo y por la idea de convertir la propia vida en una experiencia poética. En sus versos aparecen de forma recurrente el silencio, la infancia, la noche, el desdoblamiento del yo y la dificultad de nombrar la experiencia. Aunque su obra dialoga con numerosas tradiciones literarias, logra transformarlas en una voz inconfundible.

Una vida atravesada por conflictos internos

En un documental de Canal Encuentro, su hermana mayor, Myriam, contó que tanto ella como Alejandra nacieron en el hospital Fiorito, de Avellaneda. Recordó que ambas encontraron en los libros un refugio desde la infancia. Su madre les daba unas monedas para comprar ejemplares y Alejandra desarrolló muy pronto una relación intensa con la lectura. Por las noches escribía en pequeñas libretas que llevaba consigo a todas partes.

Alejandra Pizarnik (Archivo Flia D'Amico Digisi)
Alejandra Pizarnik (Archivo Flia D'Amico Digisi)

Su amigo Antonio Requeni habló de su timidez, su acné y su obsesión con las anfetaminas para adelgazar. «Tenía rasgos armoniosos, un poco la piel áspera por el acné, unos ojos lindos, entre verdes y grises. Era bajita, menuda. Con tendencia a engordar pero no era gorda», expresó.

Otro de sus amigos, Roberto Yahni, argumentó que había un desajuste. «Había altos y bajos. Me acuerdo que me llamó una noche por teléfono y me dijo si no la ayudaba a mudarse. Ella vivía en un hotelito en Saint Michel y le ayudé a mudarse a otro. Había más remedios que valijas, cajas y cajas de remedios. Tomaba para despertarse, para dormir, para estar bien, para estar mal, para todo. Así era ella. Había cajas de anfetaminas pero también de lo contrario, de estimulantes de fósforo, de reconstituyentes muy permitidos. Es decir, estaban las dos partes», manifestó.

«La poesía se escribe con los pedazos de toda la tradición», sostuvo Ivonne Bordelois al referirse a la forma en que Alejandra incorporaba sus lecturas. «A ella lo que le interesaba era la poesía, nada más que la poesía. Vivió para la poesía y murió por la poesía», agregó Requeni. La biógrafa Cristina Piña destacó tanto su disciplina como su inteligencia crítica. «Cuando se lee la parte de los ensayos hay una sabiduría, una reflexión profunda sobre la poesía y el lenguaje. Porque pensar en “la poeta maldita” está bien, pero no le soplaban las musas. Eso está hecho con trabajo», enfatizó.

La tierra más ajena (1955), primer libro de Pizarnik
La tierra más ajena (1955), primer libro de Pizarnik

De 1960 a 1964, Pizarnik vivió en París, cuya escena cultural amplió su mirada y fortaleció su escritura. Fruto de esa etapa fue Árbol de Diana (1962), una de sus obras fundamentales. Publicado con prólogo de Octavio Paz, el libro confirmó la singularidad de su voz.

Antonio refirió que, después de esos cuatro años, Alejandra volvió a Buenos Aires, pero esta le resultó ajena y hostil. Volvió más angustiada, torturada. Roberto recordó que durante su estadía en París Alejandra se sintió muy bien. Estaba frente a una cantidad de cosas a las que no tenía acceso en Buenos Aires.

En 1967 falleció, muy joven, su padre, lo cual la afectó profundamente, agudizando sus crisis depresivas. La pérdida quedó fuertemente reflejada en sus diarios, donde llegó a escribir: «La muerte de mi padre hizo mi muerte más real». Luego del fallecimiento de su padre, su madre le compró un departamento en Montevideo 980, Buenos Aires.

La hermandad con Cortázar y los últimos años

A pesar de la diferencia generacional, la conexión entre Alejandra y Julio Cortázar fue instantánea. Cortázar no se entiende sin el surrealismo y Alejandra tampoco. «Hay una hermandad de propuesta estética. Hay un mundo imaginario profundamente en común. Era mágico Cortázar, armaba todo un mundo, era como un niño entonces Alejandra enloquecía. Se encontraban en esa cuestión de la infancia, el juego, del surrealismo, del amor, todo eso está profundamente en los dos», indicó su amiga.

La última carta conocida de Alejandra a Julio fue escrita desde un hospital psiquiátrico tras un intento de suicidio. En ella le confesaba: «Julio, fui tan abajo. Pero no hay fondo (...)».

Por su parte, la carta que Cortázar le envió a Pizarnik, con fecha del 9 de septiembre de 1971, llegó a Buenos Aires cuando ella estaba internada. En esa carta expresa su preocupación por el estado de salud de su amiga, intenta apartarla de sus impulsos autodestructivos y destaca el valor de su obra literaria.

El 25 de septiembre de 1972, Alejandra murió por una sobredosis de barbitúricos a los 36 años. Más de medio siglo después de su muerte, su obra continúa siendo objeto de estudio y lectura, y Pizarnik permanece entre las voces más singulares e influyentes de la poesía en lengua española.

Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik
Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik

*Yesica Vera Zarza es periodista cultural. Investiga y escribe sobre literatura, autores e historia cultural latinoamericana.