Del 25 de octubre de 1938 data una de las imágenes más persistentes de la cultura latinoamericana: la poeta que se despide del mundo frente al mar. Publicado en el diario La Nación después de su muerte en Mar del Plata, el poema de Alfonsina Storni «Voy a dormir» contribuyó a consolidar esa representación, detrás de la cual quedaron una obra literaria, una trayectoria periodística y una mujer que desafió las convenciones sociales de su época.
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Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza. Su nombre fue la versión femenina del de su padre, Alfonso Storni, de origen suizo-italiano. En 1896, la familia emigró a Argentina y se instaló en San Juan. Los problemas económicos marcaron su infancia. La familia decidió mudarse en 1900 a Rosario, donde Alfonsina vivió hasta los 18 años y comenzó a escribir, dando a conocer sus primeros poemas en revistas literarias. En 1906 murió su padre y la situación económica de la familia empeoró.

Como actriz, Alfonsina trabajó en la compañía de un comediante español. Luego estudió para ser maestra y en 1911 ya trabajaba como docente en Rosario. Ese año se estableció en Buenos Aires y quedó embarazada. En 1912 nació su hijo Alejandro y, en una época en que la maternidad fuera del matrimonio estaba fuertemente estigmatizada, decidió ser madre soltera.
Buenos Aires y el Café Tortoni
«En el mismo año en que llega a Buenos Aires, publica el relato “De la vida” en la revista Fray Mocho. Ya en 1916, fecha de edición de su primer libro de poemas, colabora en revistas variadas: La Nota, Proteo, Atlántida, Hebe, El Hogar. Ésta última inaugura con ella una sección dedicada a jóvenes poetas. Storni colaboraba no solo con poemas, sino que también ensayaba diversos géneros discursivos –cuento, diario de viajes, notas de opinión, cartas– en varias revistas y diarios de la época», escribe la investigadora y licenciada en Letras Tania Diz, quien también menciona, entre las publicaciones con las que Storni colaboraba, el diario La Nación y las revistas Nosotros, Atenea y Crisol (1).
En 1916 Storni publicó su primer libro de poemas, La inquietud del rosal. El amor fue uno de sus temas, junto con el desengaño, el dolor y el deseo. Su obra exploró la experiencia femenina en una sociedad que impone grandes restricciones a las mujeres, restricciones que su participación en la vida intelectual cuestionaba.
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De 1918 es su segundo poemario, El dulce daño. Con motivo de su publicación, Nosotros organizó un banquete al que asistieron, entre otros, los directores de la revista –Roberto Giusti y Alfredo Bianchi–, Manuel Gálvez y José Ingenieros. En 1920 publicó Languidez, libro con el que obtiene el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. El reconocimiento consolidó su lugar en el campo literario argentino.

Storni fue una de las participantes más activas de las reuniones del Café Tortoni, punto de encuentro de artistas y escritores. En un ambiente intelectual dominado por hombres, consolidó una voz propia como escritora, periodista y figura vinculada a los debates sobre la condición de la mujer. Su obra y su trayectoria contribuyeron a ampliar el espacio de participación femenina en la literatura argentina.
Mar del Plata y el mito de la muerte romántica
En un documental de Canal Encuentro de 2011, su nieto, Guillermo Storni, hijo de Alejandro, recuerda: «Alfonsina no guardó los originales de ninguno de sus libros, me contó mi padre, salvo de su último libro de versos, y los originales se los dedicó a su hijo». Guillermo conserva el manuscrito de «Voy a dormir», el poema que Storni envió a La Nación y que el diario publicó el 26 de octubre, junto con la noticia de su muerte.
Guillermo señaló que el poema no es una despedida explícita. «No está mencionada la muerte en ningún momento; solamente en carácter indirecto», dijo al referirse al verso «he salido».
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Por su parte, Tania Diz cuestionó los tópicos sobre la muerte de Storni: «En el ambiente literario en realidad se lee la muerte de Alfonsina en clave romántica: una mujer fea, sola, madre soltera, razón por la cual termina suicidándose y de alguna manera ella alimenta ese mito de la muerte romántica al mandar al diario La Nación el poema “Voy a dormir”, que es publicado el día posterior al suicidio de Alfonsina. Lo que no se dice es que Alfonsina Storni decide matarse porque tiene un cáncer que ya no tolera, con dolores muy fuertes, y esa es la razón fundamental, digamos, de su suicidio», destacó.
La pérdida de su amigo Horacio Quiroga en 1937 fue un golpe para Storni. La biógrafa Josefina Delgado recordó su poema: «Ultrateléfono», que destaca «la muerte de Horacio Quiroga por propia mano como un rasgo de valor, de ninguna manera como un rasgo de cobardía», sostuvo.
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Operada por un cáncer de mama, Storni sufrió una reaparición de la enfermedad y un deterioro progresivo de su salud. Murió por suicidio el 25 de octubre de 1938, en Mar del Plata. Entre sus últimos textos se encuentran una carta a su hijo Alejandro y el poema «Voy a dormir», enviado a La Nación.
Alfonsina había elegido Mar del Plata como lugar de descanso desde 1921, mucho antes de que la ciudad quedara asociada a su última despedida. Su muerte, el mar y su nombre están unidos en la zamba «Alfonsina y el mar», compuesta por Félix Luna y Ariel Ramírez. Frente al mar se levanta, además, un monumento en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

Notas
(1) DIZ, T. (octubre de 2009). Modos de inserción de las escritoras emergentes en el campo intelectual 1920-30: el caso de Alfonsina Storni. Ponencia presentada en el II Congreso Internacional «Cuestiones Críticas», Universidad Nacional de Rosario (UNR). Disponible en: https://www.aacademica.org/tania.diz/50.
*Yesica Vera Zarza es periodista cultural. Investiga y escribe sobre literatura, autores e historia cultural latinoamericana.

