El barrio Villa Virginia, en pleno centro de Lambaré, ciudad administrada por el intendente, Rosa "Guido" González (ANR-cartista), sufre un estado de abandono generalizado por parte de la comuna.
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Pese a su ubicación estratégica cerca de la sede municipal, los vecinos denuncian una desidia alarmante. La falta de servicios básicos y mantenimiento ha convertido a la zona en un sector olvidado por sus autoridades.
Importantes avenidas como Primero de Marzo, o calles como Cerro Lambaré, Hermes Irrazabal o Amambay, presentan baches profundos que dificultan el tránsito de los vehículos particulares.
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Algunos cráteres persisten por años sin que la Municipalidad realice los arreglos definitivos, reclaman los pobladores. Debido a ello, motociclistas y automovilistas deben realizar maniobras peligrosas para evitar daños materiales o accidentes graves en la zona.
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Para los vecinos, la circulación constante de camiones pesados con mercaderías y de combustible, que colapsa las cañerías y destruye el asfalto, es uno de los principales factores de deterioro de estas vías.
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Denuncian que en el lugar no existe regulación ni señalización que prohíba el paso de carga pesada por calles angostas. El caos vehicular es diario, afectando la tranquilidad de un barrio netamente residencial.
Los pobladores reclaman al intendente y a los concejales que prioricen la ciudad antes que sus campañas electorales. Critican que, mientras la ciudad comienza a llenarse de pintatas proselitistas, calles muy transitadas de la ciudad ni siquiera están señalizadas. Exigen a las autoridades rápida respuesta, atendiendo a los elevados costos que pagan en tributos.
Barrio “no apto” para peatones
Uno de los problemas que aqueja a los vecinos de Villa Virginia es la obstrucción de las veredas, que obliga a los peatones a caminar peligrosamente sobre la calzada.
Montículos de arena y restos de materiales de construcción bloquean totalmente el paso en calles como Hermes Irrazabal y Amambay.
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A esto se suma el uso indebido de las veredas como estacionamiento. Hace años que los vecinos de este barrio reclaman que, frente a locales comerciales, automóviles y camionetas se estacionan impunemente sobre las aceras, ignorando el derecho al libre tránsito de los ciudadanos.
La falta de inclusión se completa con veredas con pronunciados desniveles y que carecen totalmente de rampas adecuadas.
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Personas con discapacidad o padres con carritos de bebé encuentran barreras insuperables que les impiden circular con seguridad. “Esta ciudad no es amigable para las personas”, lamentan los afectados.
En Amambay y Humaitá, por ejemplo, las malezas han ganado terreno sobre las veredas. En muchos tramos, el pasto largo y las ramas de árboles impiden visualizar el camino, creando focos de inseguridad. Los pobladores denuncian que la limpieza municipal es casi inexistente. Esta situación refleja la falta total de fiscalización municipal sobre el uso correcto del espacio público peatonal.
Vertedero con “vista” a la Municipalidad
El caso más significativo es, sin dudas, el vertedero irregular ubicado apenas a 50 metros de la Municipalidad, sobre la avenida Primero de Marzo casi Cacique Lambaré, que ocupa toda la vereda. El basural obliga a la gente a bajar a la calzada en una zona de alto tráfico vehicular o, caminar en medio de inmundicias.
Los pobladores de Villa Virginia cuentan que el servicio de aseo urbano es ineficiente en toda la zona y que la propia comuna, a través de los barrenderos municipales, se encargar de acumular los desperdicios, que quedan abandonados por semanas.
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Tras podas municipales, los troncos y malezas se acumulan formando vertederos que contaminan el entorno del barrio residencial.
Ante este panorama, la quema de basura se volvió una práctica habitual y peligrosa ante la ausencia de sanciones por delitos ambientales. Los residentes denuncian que el humo afecta la salud, pero las denuncias en la comisaría y comuna no prosperan. La falta de gestión de residuos sólidos empuja a algunos sectores a deshacerse de sus desechos de manera ilegal.
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El panorama de abandono lo complementa la inseguridad vial. Los vecinos señalan que, pese a los pedidos constantes de señalización y reductores de velocidad, no hay respuesta de la comuna. Reclaman, al menos, la instalación de barreras protectoras, ante los constantes accidentes que se registran en la zona y que ponen en peligro la integridad de sus propias viviendas. “Tiene que haber una tragedia para que ellos hagan algo”, reclamó una vecina.