Las necesidades de los enfermos del Instituto Nacional del Cáncer (Incan) son constantes. Gran parte de los pacientes provienen del interior del país donde la economía se ajusta a lo poco que tienen para subsistir el día a día. Es por eso que cuando se enteran de que tienen una enfermedad oncológica piensan que tienen una muerte asegurada.
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Norma Guerrero, contó su experiencia. Llegó hasta el Incan con un diagnóstico de cáncer de cuello uterino, que debía ser corroborado con estudios, y para ello debía conseguir turno. El día que llegó se enfrentó a la rosca de la venta de turnos, o el “recurso del contacto”, porque en Paraguay somos todos amigos, cuenta.
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Ella, no solo contó que le costó conseguir un espacio para consultar. Otras de las dificultades a las que siempre se enfrenta es la falta de medicamentos. “Lo primero que pasé fue que no me dieron turno. Me ofrecieron a través de contactos para conseguir. Una vez que ya conoces el sistema ya es más fácil”, relató.
“Ahora con lo que me enfrento es con la falta de medicamentos. Mi tratamiento debo hacer en fecha, ni un día de más, ni de menos. Porque de lo contrario no funciona. El Cisplatino entra en puchito, es para las quimioterapias, si vas a comprar cada ampolla te cuesta G. 480.000, y todo se dosifica”, explicó.
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“Nos venden una falsa realidad, quieren tapar el Sol con un dedo, pero la realidad es que no hay nada. Salis de consultar y debes de conseguir en otro lado para hacer los estudios. Es una lástima que no se centre todo en un mismo lugar. Los enfermos no pueden recorrer todo el país. La enfermedad de por sí ya es algo que pesa mucho. Lastimosamente el Incan es una despensa, ya no es un banco de drogas, porque se da a cuotas los medicamentos”, refirió Guerrero.
El acceso a estudios para que los médicos puedan diagnosticar el estadio de las enfermedades es otra de las barreras a las que se enfrentan los pacientes. Cientos de pacientes deben deambular por otros centros de especialidades para estudios de tomografía, resonancia magnética, porque en el Incan no siempre funcionan los aparatos.
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Cuando los estudios se deben hacer con técnicas más específicas como es el que proporciona el Pet Scan, o la Centelografía ósea, estudios que sobrepasan los G. 10.000.000 los pacientes simplemente deben olvidarse de recuperar su salud. Por eso dicen que ir al Incan es recibir un diagnóstico para morir en lugar de intentar vivir.
Faltan reactivos y fármacos
A la queja se suma la actual falta de reactivos para laboratorio como son: el PCA, T4, SDH, y la Urea, que deben hacerse los pacientes en el sector privado. “Patología inmunostoquímica, supuestamente dijeron que estaría disponible la otra semana”, expresó un paciente.
Entre los fármacos que faltan, según un sondeo hecho a los pacientes son: Nivolumab, que es un medicamento de inmunoterapia utilizado para distintos tipos de cáncer. El Cisplatino es otro medicamento para tratar el cáncer, que se emplea para hacer quimioterapias, que también está en falta. La Capacitabina como el Anastrasol son otros de los fármacos que actualmente están en falta.
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Insumos como la Aguja Huber se encuentran en falta. Por lo general es utilizado en pacientes que tienen Porta-a-Capth debido a que ya no tienen sus vías de acceso para que se les administre los medicamentos de las quimioterapias. El insumo en una farmacia cuesta G. 70 mil.
Pese a todos los reclamos, desde el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS), niegan la falta de medicamento dando a entender a los pacientes de que el sistema de salud pública está en buen camino.
