El galpón huele a campo y a química a la vez. Entre tanques de acero inoxidable, mangueras y laboratorios que recuerdan más a una farmacéutica que a una agroindustria, el Ing. Agr. César Caballero, director de Ciagropa, camina con la familiaridad de alguien que conoce cada rincón de esta planta construida sobre una idea simple, pero ambiciosa: producir en Paraguay los agroquímicos que el productor necesita, y hacerlo con calidad internacional.
Fundada en 2009 como parte del grupo Dekalpar, la compañía de agroquímicos del Paraguay arrancó operaciones en 2012 con sus primeras formulaciones. Dos años después ya trabajaba con registros propios. Hoy es uno de los actores de referencia en el segmento de formulación de fitosanitarios en el país, con una planta en Villeta que produce hasta más de 15 millones de litros por año y una proyección que apunta a cruzar el río.
De cero a más de 15 millones
El crecimiento de Ciagropa es, en parte, el espejo del propio agro paraguayo. La empresa arrancó produciendo menos de un millón de litros anuales en una industria que durante los primeros años de la década del 2000 vivió una expansión sin precedentes. “La producción en Paraguay creció muchísimo en 20 años en cultivos como la soja, el maíz y el arroz”, recuerda César Caballero. La planta fue escalando de la mano de esa demanda.
La firma se especializa en formulaciones líquidas: líquidos solubles (LS), emulsiones concentradas (EC), suspensiones concentradas o floables (SC y FS). A eso se sumó una línea de gránulos dispersables en agua (WG) y, más recientemente, una planta formuladora de bioestimulantes. El portafolio abarca diez líneas de productos que incluyen herbicidas, insecticidas y fungicidas.
El encargado de planta, el químico industrial Néstor Gamarra, precisa que la capacidad instalada supera en realidad los 20 millones de litros anuales. “Tenemos espacio para seguir creciendo; el desafío es que ese crecimiento sea acompañado por la demanda”, señala.

Un mercado de más de US$ 500 millones
El mercado paraguayo de fitosanitarios mueve aproximadamente 100 millones de litros por año y genera ventas directas de industrias a distribuidores de alrededor de US$ 500 millones anuales. La cifra real en la cadena completa, con reventas, es sensiblemente mayor.
En ese mercado, la competencia cambió de forma radical en los últimos años. Primero llegaron las multinacionales, luego nacieron las industrias locales, más tarde aparecieron los importadores de producto terminado desde China. Ahora, los propios fabricantes chinos desembarcan directamente en el país, operando con estructuras mínimas y sin la inversión que requiere formular localmente.
“Estamos obligados a dar un servicio diferenciado, tanto en productos como en asesoramiento técnico”, explica Caballero. La diferencia no es solo declarativa: una empresa que formula en Paraguay debe registrar el grado técnico del principio activo, registrar el producto formulado, probarlo y demostrarlo ante productores. El producto terminado importado solo requiere el registro del formulado. “Nuestra garantía y acompañamiento son nuestra fortaleza”, insiste el directivo.
Ciagropa cuenta con técnicos de campo que generan demanda y equipos de desarrollo de producto. Además, la firma viaja anualmente a ferias internacionales —principalmente en China— para monitorear tendencias antes de definir qué nuevas formulaciones incorporar. “Antes de entrar en formulaciones, debemos definir cuál es la necesidad real del mercado”, resume Caballero.

Brasil en el ojo y exploración en Bolivia
Cuando el crecimiento del área sembrada en la región Oriental se frenó —la soja lleva varios años sin expansión significativa de superficie—, Ciagropa empezó a mirar hacia afuera. Hace dos años habilitó una empresa en Brasil bajo el nombre Dekalpar, con el objetivo de proveer productos al mercado brasileño, el mayor consumidor de agroquímicos del mundo.
“Fuimos también a explorar Bolivia, pero todavía no concretamos nada. En Argentina seguimos mirando; creo que en la medida que vayan arreglando las cosas por ahí, vamos a estar también presentes”, anticipa Caballero.
La apuesta regional tiene lógica de escala: Paraguay puede ser una plataforma de formulación competitiva para proveer a mercados vecinos, especialmente para productos en los que la empresa ya tiene registros y know-how acumulado.

Biológicos y precisión
La irrupción de los biológicos es uno de los debates más activos del agro regional. Ciagropa ya cuenta con una planta de bioestimulantes y sigue el desarrollo con atención, pero sin apuro. “Sin duda es algo que ya está instalado, pero hay que ver bien todo. Los sintéticos siguen siendo los más utilizados, pero ya se mezclan con biológicos; vienen a aportar”, analiza Caballero.
Gamarra agrega otra dimensión del cambio tecnológico: la resistencia de plagas y malezas obliga a incorporar nuevas moléculas de forma constante, y el uso de drones para aplicaciones abre un capítulo nuevo en la eficiencia del producto en campo. “Estas innovaciones permiten optimizar la aplicación y reducir el impacto ambiental”, señala.
En materia de calidad y ambiente, la empresa tiene certificaciones ISO 17025 e ISO 9001, y está en proceso de implementar la ISO 14000 de gestión ambiental. La planta cuenta con tratamiento de residuos: los sólidos se incineran en una empresa especializada; los líquidos se filtran hasta alcanzar niveles que permiten su reincorporación al cauce natural.
Potencial que no despega
Más allá de los cultivos extensivos, Caballero tiene una lectura optimista, pero realista del mapa agrícola paraguayo. El sector forestal crece, la fruticultura tiene un potencial enorme que aún no se activó del todo, la horticultura no termina de despegar por factores exógenos. “Para todos esos rubros nosotros tenemos productos, sea como defensivos o como fertilizantes”, apunta.
El Chaco Paraguayo ocupa un lugar especial en esa mirada. La expansión de cultivos extensivos en la región Occidental es real, pero todavía acotada. “El Chaco tiene un enorme potencial, pero aún hay que entenderlo y trabajarlo”, dice con la mesura de quien ha visto promesas que tardaron más de lo esperado en cumplirse.
La apuesta de fondo del grupo Dekalpar es que Paraguay tiene todavía mucho agro por hacer. Y que una empresa que formula localmente, con técnicos en campo, certificaciones internacionales y una planta que puede llegar a los 20 millones de litros anuales, tiene razones para creer que será parte de ese crecimiento. Desde dentro del país y, cada vez más, también desde afuera.

Apoyo financiero
Como grupo Dekalpar, Ciagropa cuenta con una empresa denominada Centro de Servicios Compartidos, la que se encarga de la parte económica y financiera. Sin embargo, sostiene Caballero, el apoyo de entidades bancarias como Banco Sudameris ha sido y seguirá siendo fundamental en el desarrollo de las empresas, no solo con préstamos, sino con los diferentes modelos de servicios y negocios que ofrece. “Sin duda, es un aliado importante en todo sentido”.
