¿Por qué la ovulación puede aumentar el deseo sexual?
La ovulación suele producirse hacia la mitad del ciclo, aunque su fecha cambia según la duración menstrual y no siempre puede calcularse con exactitud. En los días previos, los estrógenos alcanzan niveles altos y también puede haber variaciones en la testosterona, una hormona presente en todos los cuerpos y vinculada al deseo.

Estudios observacionales y revisiones científicas han encontrado que, en grupos de personas con ciclos naturales, el interés sexual, las fantasías o la iniciativa pueden elevarse alrededor de la ventana fértil. El efecto, sin embargo, es variable: describe una tendencia poblacional, no un calendario personal ni una señal segura de ovulación.
Lea más: ¿Por qué algunas mujeres tienen más sensibilidad en los pezones en determinados momentos del mes?
También intervienen cambios físicos que pueden favorecer la comodidad y la respuesta sexual, como una mayor lubricación cervical. Eso no implica que haya que sentir deseo durante la ovulación: ambas cosas pueden no coincidir.
Deseo, excitación y orgasmo no son lo mismo
El deseo es el interés o las ganas de una experiencia íntima; la excitación incluye respuestas del cuerpo y de la mente ante estímulos; el orgasmo es una posible respuesta posterior. Pueden cambiar de manera independiente durante el ciclo.

Una persona puede sentirse más receptiva físicamente cerca de la ovulación, pero tener poco deseo por cansancio o preocupaciones. Otra puede experimentar más deseo durante la menstruación por relajación, intimidad o alivio de tensiones, aun cuando las hormonas no estén en su punto más alto. No hay una respuesta “correcta”.
¿Qué puede pasar antes y durante la menstruación?
En la fase lútea, después de la ovulación, aumenta la progesterona. Algunas personas notan menos deseo, sensibilidad mamaria, irritabilidad o fatiga, especialmente si tienen síntomas premenstruales. Otras no registran cambios relevantes.

Durante la menstruación, el descenso hormonal puede coincidir con menor interés sexual para algunas, mientras que otras sienten mayor deseo o disfrutan de una experiencia íntima por cambios en el estado de ánimo y la sensibilidad corporal.
La presencia de sangrado no es un impedimento médico para la actividad sexual si hay comodidad y consentimiento; la protección sigue siendo relevante para prevenir infecciones de transmisión sexual y embarazos no buscados.
El contexto puede pesar más que las hormonas
El cerebro interpreta la intimidad según el entorno. Estrés laboral, falta de sueño, conflictos, dolor, miedo al embarazo, experiencias previas o presión por “rendir” pueden reducir el deseo en cualquier fase. En sentido contrario, sentirse segura, cuidada, con tiempo y sin exigencias puede facilitarlo.
Los anticonceptivos hormonales también pueden modificar la experiencia, aunque sus efectos sobre la libido no son uniformes: algunas personas no notan diferencias, otras perciben cambios al iniciar, cambiar o suspender un método.
Lea más: ¿El orgasmo puede aliviar los cólicos menstruales? Qué dice la evidencia
Antidepresivos, tratamientos para el dolor, alteraciones tiroideas, menopausia y posparto son otros factores posibles.
Cuándo conviene consultar
Las variaciones cíclicas son habituales. Vale la pena hablar con un profesional de salud si hay dolor persistente, sequedad o molestias que dificultan la intimidad, cambios bruscos y sostenidos del deseo que generan malestar, o síntomas intensos antes de la menstruación que afectan la vida cotidiana.
Lea más: Síndrome genitourinario de la menopausia: por qué causa sequedad, dolor y molestias urinarias
La consulta permite revisar causas físicas, emocionales y farmacológicas sin reducir la sexualidad a una sola hormona.
