Al considerar el periodo 2023-2025 y de acuerdo con datos del Banco Central del Paraguay (BCP), el crecimiento promedio anual compuesto (CAGR) de los créditos de consumo alcanzó 22,8% en términos nominales y 19,0% en términos reales, lo que muestra que incluso descontando inflación el avance del financiamiento al consumo continúa siendo elevado.
Asimismo, el crecimiento promedio anual compuesto de las tarjetas de crédito llegó a 28,6% nominal y 24,5% real. Este comportamiento sugiere una mayor utilización de líneas de financiamiento de corto plazo, generalmente asociadas a gastos corrientes y necesidades inmediatas de liquidez.
Los datos reflejan con claridad la aceleración. Los créditos de consumo pasaron de G. 28,3 billones en marzo de 2025 a cerca de G. 34,9 billones en mismo periodo de 2026, equivalente a un aumento interanual de 23,4%. La dinámica es todavía más intensa en las tarjetas de crédito, que pasó de aproximadamente G. 4,8 billones a más de G. 6,2 billones entre marzo de 2025 y 2026, con una expansión interanual de 30,7%.
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El principal punto de preocupación radica en que el crédito está creciendo muy por encima de la economía. El financiamiento debería expandirse en línea con el crecimiento económico más la inflación, lo que actualmente equivaldría a cerca de 9,5%, considerando una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) superior al 6% y una inflación cercana al 3%. Sin embargo, tanto los préstamos de consumo como las tarjetas duplican e incluso triplican ese ritmo.

Detrás de este fenómeno aparece el deterioro del poder adquisitivo de los hogares. El incremento de precios de alimentos y otros bienes esenciales estaría obligando a muchas familias a recurrir al endeudamiento para sostener niveles de consumo. Esto implica que parte del crecimiento del crédito no necesariamente responde a una mejora patrimonial o a mayores inversiones familiares, sino a la necesidad de cubrir gastos corrientes.
La utilización creciente de tarjetas de crédito refuerza esa señal. Este tipo de financiamiento suele tener tasas de interés más elevadas y plazos más cortos, por lo que un aumento acelerado puede derivar en mayores riesgos de sobreendeudamiento.
Además, cuando el crédito financia, principalmente, consumo básico y no activos o inversiones, la capacidad futura de pago depende casi exclusivamente de la evolución de los ingresos reales.
Otro elemento relevante es que el crecimiento del crédito se produce en un escenario donde el sistema financiero todavía mantiene niveles de morosidad relativamente contenidos. No obstante, el desafío aparece hacia adelante: si el encarecimiento del costo de vida persiste y los salarios no acompañan el mismo ritmo, la presión financiera sobre los hogares podría intensificarse.
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El mercado financiero paraguayo viene atravesando una fuerte expansión en los últimos años, impulsada por una mayor bancarización, digitalización y acceso al crédito. No obstante, la velocidad actual del financiamiento al consumo comienza a encender señales de alerta.
No siempre que crezca el crédito es una buena noticia, especialmente cuando el endeudamiento funciona como mecanismo para sostener gastos cotidianos ante la pérdida de capacidad de compra.
* Este material es elaborado por MF Economía e Inversiones
