Salario Mínimo: Reajuste beneficia a pocos y no corrige brecha de ingresos, sostiene economista

El economista y ex ministro de Hacienda Manuel Ferreira sostiene que el salario mínimo afecta a pocos trabajadores en Paraguay y que los aumentos por decreto no corrigen la brecha de ingresos en un mercado dominado por la informalidad, la automatización y la baja calificación.

En el debate público, el reajuste del salario mínimo en Paraguay gira en torno a la pregunta si cubre el costo de vida. Para el economista Manuel Ferreira, ex ministro de Hacienda, el salario mínimo, en su visión, incide en una fracción reducida del mercado laboral y no corrige la alta brecha que hay en los ingresos laboral en mercado paraguayo dominado por la informalidad.

La medida firmada por el presidente Peña el pasado jueves de un reajuste del 5% por encima de la variación anual del IPC (2,4%) implica un incremento de G. 144.952 y eleva el salario mínimo desde G. 2.899.048 hasta G. 3.044.000.

Según explicó en el programa Enfoque Económico de ABC Cardinal, hubo un periodo en el que el salario mínimo llegó a ubicarse por encima del salario promedio. Ese dato, lejos de significar una mejora generalizada, sugiere para Ferreira un mercado donde el mínimo legal no determina el ingreso del “trabajador típico”: si el promedio no se mueve en línea con el mínimo, es porque relativamente poca gente está atada a ese piso.

Ferreira cuestiona, además, la idea de que una norma por sí sola obligue a elevar remuneraciones de manera general. “No porque vos pongas una ley, las empresas van a pagar más”, advierte, aludiendo a que las firmas pueden ajustar por otras vías dentro de la formalidad y, con mayor facilidad, en la informalidad.

Alta informalidad laboral

El ex ministro detalló que en el país, afirma, trabajan aproximadamente 3,4 millones de personas, pero el universo de contribuyentes ronda 1 millón. Esa brecha deja a unos 2,4 millones fuera del circuito formal, ya sea como trabajadores informales, cuentapropistas o pequeños empleadores.

En un escenario así, la capacidad real del salario mínimo para ordenar el mercado se reduce y una parte significativa de quienes generan ingresos lo hacen en segmentos donde el cumplimiento de la norma es desigual o donde la relación laboral no encaja en el molde tradicional de “empleador–empleado”. Para Ferreira, por eso, el debate no debería agotarse en el reajuste legal: “las cosas cambian porque hay otras actividades”, insiste.

¿Cuántas personas perciben el mínimo?

En Paraguay, la situación del mercado laboral también refleja desafíos relacionados con la calidad del empleo y el alcance real de los ingresos laborales. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) al 2025 revelaban que solo el 15,5% del total de trabajadores asalariados, equivalente a 269.485 personas, percibía un salario equivalente al Salario Mínimo Legal Vigente (SMLV). En contrapartida, aproximadamente el 40,2% de los asalariados, es decir, unas 701.776 personas, recibe ingresos inferiores al salario mínimo.

Más allá del mínimo

¿Qué sería, entonces, “lo otro” que falta? Ferreira detalló un objetivo de fondo que es lograr que las trayectorias laborales se consoliden dentro de empresas y que el trabajo se valore más, algo que depende de un factor decisivo que es la eficiencia.

En otras palabras, el salario subiría de forma más sostenible si sube el valor agregado del trabajador, y no únicamente por una decisión administrativa.

La industria ya no emplea como antes

Para ilustrar el cambio tecnológico, Ferreira recurre a un ejemplo y mencionó que una empresa china que fabrica 3.000 autos por día con 18 empleados, en un proceso ampliamente automatizado. En ese esquema, los puestos disponibles no son los del operario repetitivo, sino perfiles técnicos y profesionales, (ingenieros electrónicos o mecánicos), capaces de operar y supervisar sistemas robotizados.

El contraste, señala que hace un siglo, en el apogeo del modelo de línea de ensamblaje asociado a Ford, la proporción era inversa. Según su comparación, una fábrica podía producir 18 autos con 3.000 personas, en tareas manuales como ajustar tornillos o tender cableado.

El sector servicios y una brecha salarial enorme

Ferreira afirma que, a escala global, la mayor parte de los empleos se genera en los servicios, un paraguas que incluye actividades de baja y de altísima remuneración. Por ejemplo mencionó que en el mismo sector a un jardinero que realiza trabajos en domicilios y a un ingeniero informático que puede prestar servicios para una gran empresa desde Paraguay y cobrar “un sueldo virtual”.

La diferencia de ingresos entre ambos perfiles, sugiere, puede ser abismal. En su ejemplo, el jardinero podría reunir unos G. 3 millones al mes, mientras que el profesional altamente calificado podría llegar a 30.000 dólares mensuales. El punto no es la cifra exacta, sino la brecha que aparece cuando el mercado remunera habilidades escasas y escalables, frente a tareas con menor productividad.

El riesgo de largo plazo: empleo que crece, pero no para paraguayos

La advertencia más política del ex ministro apunta al futuro del mercado laboral si la formación no acompaña el cambio tecnológico. En un mundo que demanda nuevas capacidades, dice, la economía puede seguir generando empleo, pero no necesariamente para paraguayos.

Ferreira lo expresa detalló que sin capacitación y productividad, la brecha no se resuelve con el salario mínimo y puede traducirse en exclusión laboral de los propios ciudadanos.

El reajuste puede tener valor simbólico y efectos puntuales, pero la discusión de fondo está en cómo formalizar, mejorar productividad y preparar a la fuerza de trabajo para un tejido económico donde los servicios, la automatización y la IA ya están redefiniendo qué empleos existen y cuánto pagan, indicó finalmente.