Pensar desde Paraguay en tiempos de crisis global y restauración conservadora

Escuelitas Campesinas de las Ligas Agrarias Cristianas. Comunidad de San Sinfo, Caapucú, 1974. Foto del padre J. M. Blanch
Escuelitas Campesinas de las Ligas Agrarias Cristianas. Comunidad de San Sinfo, Caapucú, 1974. Fotografía del padre J. M. Blanch

La reflexión crítica en Paraguay exige hoy revisar no solo la coyuntura política sino también los fundamentos culturales y educativos que sostienen el orden existente.

El Paraguay atraviesa una paradoja histórica. Mientras se multiplican los discursos de modernización institucional, se consolidan también estructuras políticas que reproducen viejas formas de monopolización del poder. En ese escenario, el problema central ya no es únicamente económico o administrativo, sino, sobre todo, epistémico y político: la incapacidad de producir un pensamiento crítico capaz de disputar la narrativa hegemónica que, desde hace décadas, naturaliza el orden existente.

La tradición del pensamiento latinoamericano –entendido como reflexión situada sobre la realidad histórica y no como filosofía abstracta– resulta hoy una categoría imprescindible para comprender el Paraguay contemporáneo. Frente al avance de nuevas formas de autoritarismo, la persistencia de estructuras corruptas y clientelares en la administración del Estado y los intentos cada vez más sistemáticos de reescribir el pasado de la dictadura en el marco de una supuesta «batalla cultural», la tarea intelectual ya no puede limitarse a describir el país.

Se trata, más bien, de disputar activamente el sentido de su transformación histórica. En ese terreno –donde la memoria se vuelve campo de lucha– corresponde asumir con claridad, precisamente, una batalla «contra los falsificadores de la historia», retomando deliberadamente la famosa categoría de Atilio García Mellid, pero criticando de paso la pretensión nacionalista de instrumentalizar políticamente el pasado, tal como lo hizo el autor.

Defender la memoria democrática hoy implica confrontar sin ambigüedades a quienes buscan relativizar la violencia del pasado o diluir sus responsabilidades. Por ello, la labor intelectual exige ahora intervenir, polemizar y movilizar todos los recursos críticos disponibles para impedir que el olvido sea convertido en política y que la historia sea manipulada al servicio de nuevos proyectos de dominación.

La combatividad estudiantil fue notoria durante la dictadura de Stroessner. Imagen: represión policial de estudiantes manifestándose frente a la Facultad de Ingeniería
La combatividad estudiantil fue notoria durante la dictadura de Stroessner. Imagen: represión policial de estudiantes manifestándose frente a la Facultad de Ingeniería

A ello se suma un clima regional de creciente militarización y polarización geopolítica –expresado en la crisis internacional vinculada al conflicto con Irán y en la agenda de seguridad hemisférica que se proyecta en iniciativas como la llamada Cumbre Escudo de las Américas– que vuelve a colocar en primer plano la relación entre soberanía, democracia y poder.

En este escenario, la reflexión crítica sobre Paraguay exige revisar no solo la coyuntura política, sino también los fundamentos culturales y educativos que sostienen el orden existente.

Las reformas sin transformación

En el campo educativo, esta tensión se vuelve particularmente evidente. Durante tres décadas de reformas (1994–2024), Paraguay ha adoptado sucesivos modelos pedagógicos inspirados en agendas internacionales, desde el paradigma competencial hasta los recientes discursos de inclusión e interculturalidad que no lograron siquiera imponerse como proyecto. Pero lo verdaderamente preocupante es que detrás de estos cambios terminológicos persiste una estructura educativa profundamente desigual.

Las investigaciones recientes sobre la reforma educativa muestran una constante: el sistema arrastra problemas endémicos que afectan de manera persistente a la educación en el país. Todavía se refleja una distancia considerable entre los discursos de cambio y las prácticas institucionales. Se habla de innovación educativa mientras se mantienen mecanismos de evaluación estandarizados y una administración centralizada que limita cualquier transformación real.

Rogelio Agustín Goiburú, hijo del doctor Agustín Goiburú, desaparecido por la dictadura de Alfredo Stroessner, encabeza la búsqueda de restos de personas asesinadas por el régimen.
Rogelio Agustín Goiburú, hijo del doctor Agustín Goiburú, desaparecido por la dictadura de Alfredo Stroessner, encabezando la búsqueda de restos de personas asesinadas por el régimen.

Es que las reformas educativas en Paraguay han funcionado como ajustes administrativos para paliar las dificultades estructurales del sistema y no como proyectos políticos de democratización del conocimiento. La historia educativa paraguaya ofrece, sin embargo, experiencias radicalmente distintas, como las Escuelitas Campesinas de las Ligas Agrarias Cristianas que, hace exactamente 50 años, desarrollaron uno de los proyectos pedagógicos más innovadores del siglo XX paraguayo, prácticamente desconocido por las nuevas generaciones. En un contexto de represión política y concentración de tierras, estas escuelas autogestionadas articulaban educación popular, organización comunitaria y conciencia crítica (Andino, 2026).

Entre sus dimensiones pedagógico-políticas pueden mencionarse: el uso del guaraní como lengua de enseñanza, la figura del pytyvõhára como educador comunitario y la articulación de la escuela con procesos organizativos y productivos que constituyeron una ruptura con el modelo escolar dominante. No es casual que estas experiencias fueran perseguidas por el régimen. Allí donde se construye conocimiento crítico, el autoritarismo percibe siempre una amenaza.

Colonialidad digital y nuevas formas de dominación

El debate contemporáneo sobre educación y democracia se conecta hoy con discusiones más amplias en el pensamiento crítico latinoamericano. Conceptos como «transmodernidad» (Dussel, 2025), «pensamiento fronterizo» o «colonialidad del saber» han sido utilizados para cuestionar la universalidad de los modelos occidentales de conocimiento y abrir paso a lo que algunos autores, como Walter Mignolo (2003), denominan un «paradigma otro».

Este enfoque propone pensar las transformaciones sociales desde las experiencias históricas del Sur global, reconociendo la pluralidad de saberes y la necesidad de construir horizontes políticos más allá de la modernidad eurocéntrica. Aplicado al caso paraguayo, este paradigma implica repensar la educación, la política y la cultura desde la diversidad lingüística, las memorias campesinas, las epistemologías indígenas y las luchas sociales que han marcado la historia del país. No se trata de un simple cambio de políticas públicas, sino de una transformación más profunda en la forma de comprender el desarrollo, la democracia y el conocimiento.

La noción de sociedad «transmoderna» ofrece una posible clave interpretativa. A diferencia de la modernidad occidental –centrada en la idea de progreso lineal–, la transmodernidad propone una articulación plural de saberes, donde las experiencias históricas de los pueblos periféricos adquieren centralidad. Esto implica reconocer que la transformación del país no puede surgir exclusivamente de tecnocracias estatales o agendas importadas. Debe emerger de la interacción entre conocimiento académico, memoria histórica y prácticas sociales de resistencia.

Fotografía del hallazgo de los Archivos del Terror, Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH – UNESCO)
Fotografía del hallazgo de los Archivos del Terror, Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH – UNESCO)

Las transformaciones tecnológicas del siglo XXI introducen además una nueva dimensión de esta problemática. La llamada «colonialidad digital» muestra cómo las plataformas tecnológicas globales reproducen lógicas históricas de dependencia. Si el extractivismo clásico se basaba en recursos naturales, el nuevo extractivismo se sustenta en datos, algoritmos y control informacional.

En sociedades periféricas como la paraguaya, estas dinámicas se traducen en un fenómeno preocupante: la producción de subjetividades políticas cada vez más mediadas por infraestructuras tecnológicas externas. El llamado «taylorismo digital», que organiza el trabajo y la comunicación mediante algoritmos, no sólo transforma la economía sino también la forma en que se construyen las opiniones públicas.

Crisis política y reconfiguración regional

Estos debates no ocurren en el vacío. La coyuntura internacional actual introduce nuevas tensiones que impactan directamente en el escenario local. La crisis geopolítica derivada de la guerra con Irán, que reconfigura alianzas estratégicas y circuitos comerciales globales, coloca nuevamente a América Latina en el tablero de las disputas entre potencias. En ese marco, iniciativas como la «Cumbre Escudo de las Américas» reflejan una creciente militarización de la política hemisférica.

Para países institucionalmente frágiles, estas dinámicas suelen traducirse en alineamientos estratégicos sin debate democrático, reforzando estructuras de poder que históricamente han operado con escasa transparencia. En Paraguay, estas tensiones internacionales coinciden con conflictos internos igualmente significativos. La discusión sobre la reforma de la Caja Fiscal, presentada como una medida paramétrica de sostenibilidad financiera recomendada por el FMI, y que no apunta a una reforma estructural del sistema, revela tensiones profundas sobre el papel del Estado, la sostenibilidad de las políticas públicas y la distribución de recursos en una sociedad marcada por desigualdades persistentes.

La narrativa hegemónica y la disputa por la historia

En paralelo, el país vive un proceso cada vez más visible de reconfiguración de la memoria histórica. El sector político hegemónico busca re-instalar una narrativa que relativiza o incluso reivindica aspectos de la dictadura estronista, presentándola como una etapa de estabilidad frente a la incertidumbre antigua y nueva.

Datos sobre las víctimas que dejó el estronismo según diversas entidades lideradas por la Comisión de Verdad y Justicia.
Datos sobre las víctimas que dejó el estronismo según diversas entidades lideradas por la Comisión de Verdad y Justicia.

Este intento de «lavado histórico» no es un fenómeno aislado. Forma parte de una estrategia más amplia de legitimación política en contextos donde la hegemonía partidaria necesita reconstruir su legitimidad simbólica. La historia reciente de Paraguay demuestra, sin embargo, que la estabilidad autoritaria siempre tuvo un costo profundo: represión política, desigualdad social y bloqueo de la participación democrática.

El desafío del pensamiento paraguayo

La tradición filosófica latinoamericana a la que se ha hecho referencia aquí, ha insistido en que el pensamiento debe partir de su lugar. Desde la filosofía de la liberación hasta los estudios decoloniales, la pregunta siempre fue la misma: ¿cómo pensar desde sociedades atravesadas por la dependencia, la colonialidad y la desigualdad estructural?

La convergencia de los tres factores antes mencionados –crisis internacional, militarización regional y disputas internas por el modelo de Estado– obliga a replantear el papel del pensamiento crítico en la esfera pública. El verdadero desafío del pensamiento paraguayo contemporáneo consiste en abandonar la comodidad descriptiva y asumir la tarea central de contribuir a reconstruir el horizonte democrático en un contexto donde la narrativa oficial tiende a normalizar la concentración del poder, relativizar la memoria histórica y reducir el debate público a disputas coyunturales.

Pensar el Paraguay hoy significa confrontar al menos tres problemas estructurales: primero, la persistencia de un sistema político hegemonizado por redes clientelares que administran el Estado como patrimonio partidario; segundo, la fragilidad de las instituciones públicas, incapaces de impulsar reformas profundas sin reproducir desigualdades históricas; y tercero, la subordinación epistémica, que limita la producción de conocimiento propio sobre los problemas nacionales.

Superar estos límites exige algo más que reformas administrativas. Requiere construir una nueva imaginación política, capaz de articular democracia, justicia social y soberanía cognitiva. En un país acostumbrado a pensarse como «isla», el desafío ya no es describir su aislamiento, sino atreverse a imaginar las condiciones de su transformación histórica. Porque, en última instancia, el problema del Paraguay no es la falta de diagnósticos; por el contrario, es la ausencia de proyectos políticos capaces de entusiasmar, despertar y movilizar a la gente y de convertir, de una buena vez, el pensamiento crítico en fuerza material de cambio.

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Referencias

Andino, C. (2026). «Educación y Resistencia: Ubaldo Chamorro y las Escuelitas Campesinas frente a la Colonialidad del Saber en Paraguay (1960-1980)». En: Rev. Concordia, Vol. 6, Núm. 12, recuperado de: https://doi.org/10.62319/concordia.v.6i12.48

Dussel, E. (2025). Hacia una teoría de la modernidad/colonialidad. La descolonización epistemológica. Madrid: Akal.

Mignolo, W. (2003). Historias locales/diseños globales: colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. Madrid: Akal.

*Cristian Andino es profesor de Filosofía y Educación Ética y Ciudadana por el ISEHF (Universidad Jesuita del Paraguay), licenciado en Filosofía por la Universidad Católica de Asunción, magister en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Asunción, doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Desarrollo Sustentable, vicerrector de Investigación, Extensión y Posgrado de la Universidad La Paz (Ciudad del Este), investigador del Centro de Investigaciones en Filosofía y Ciencias Humanas (CIF) y docente universitario. Ha publicado Logos Guaraní. Apuntes para un pensamiento ético-político paraguayo (Ceaduc, 2019).

Prof. Cristian Andino
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