Darío Fo: licencia de loco

Francisca Ramé y Dario Fo en Milán en 1970 (Getty)
Francisca Ramé y Dario Fo en Milán en 1970 (Getty)

El premio Nobel de Literatura que ridiculizó a los poderosos cumple su primer siglo.

«Dios existe, y es un payaso», dijo el ateo Darío Fo, que admitía que podría llevarse una sorpresa tras su muerte y toparse con aquel Más Allá cuya existencia negaba. Acostumbrado estaba a las sorpresas este hijo de una campesina y un ferroviario cuyas enérgicas burlas, después de haberle valido censura y comisaría toda su vida, terminaron llevándolo a Estocolmo. El 24 de marzo se cumplió un siglo de su nacimiento en la ciudad lombarda de Sangiano, junto al lago Maggiore, provincia de Varese.

En 1940, el joven Darío marchó a Milán a estudiar pintura y arquitectura en la Academia Brera, pero el segundo conflicto bélico mundial del siglo XX lo interrumpió. Su familia estaba en la resistencia, y él ayudó a su padre, Felice –que, además de jefe de estación del ferrocarril, era actor aficionado, y socialista– a llevar refugiados y soldados aliados a Suiza. Reclutado por la armada de la República de Salò, se escapó y vivió escondido hasta el final de la guerra.

Darío Fo y Franca Rame se conocieron en 1951 y tres años después, en el solar mes de junio, se casaron. Inseparables, murieron con poca distancia, Dario en 2016 y Franca en 2013, dejando un hijo, Jacopo. Pero volvamos a la Italia de los anni di piombo, cuando Fo trabajaba para el Piccolo Teatro en Milán y sus obras eran tan populares como perseguidas. Cuando, tras ser censurados los monólogos que escribió para la cadena RAI, fue censurada su pieza Il dito nell’occhio –aunque la compañía teatral encontró locales donde representarla, no sin riesgo, y el público la recibió con entusiasmo–... Fo reunía el humor popular de la sátira política, el moderno humor de las vanguardias y el viejo humor de la Commedia dell’Arte. El don de contar historias lo heredó –como su madre, Pina Rota, campesina de Sartirana, costurera y escritora– de su abuelo materno, el ingenioso Giuseppe Rota, apodado «Bristin».

Vivir a la izquierda. Darío Fo y Franca Rame en su casa de Milán en diciembre de 1962 (Olycom)
Vivir a la izquierda. Darío Fo y Franca Rame en su casa de Milán en diciembre de 1962 (Olycom)

En 1959, Darío y Franca fundaron en Milán la Compagnia Darío Fo - Franca Rame, y en 1962 Fo estrenó Isabella, tre caravella e un cacciaballe, que dio lugar a violentos ataques de grupos fascistas. Por La Signora è da buttare (1967), sobre la Guerra de Vietnam y el asesinato de John F. Keneddy, el gobierno estadounidense les denegó a Darío y Franca la visa durante años. En 1968, crearon la Associazione Nuova Scena, colectivo teatral con escenarios portátiles con el que recorrieron toda Italia. Misterio Buffo (1969) sentó las bases del futuro teatro di narrazione. Fue una obra tremendamente popular, de la que se hicieron más de cinco mil representaciones, y en la que Fo recuperó el grammelot de la Comedia del Arte, lenguaje satírico hecho de mímica y onomatopeyas para burlar la censura que su amigo Umberto Eco tomó prestado en El nombre de la rosa.

En 1970, Darío y Franca dejaron la Nuova Scena por diferencias políticas y fundaron su tercer grupo, el Collettivo Teatrale La Commune. De 1970, Muerte accidental de un anarquista (Morte accidentale di un anarchico) se estrenaba solo dos después del «suicidio» del joven anarquista Giuseppe Pinelli, muerto al arrojarse, según la policía de Milán, del cuarto piso de una comisaría. En el prólogo, Fo se adelanta a quienes verían en Pinelli su inspiración con un juego retórico que al mismo tiempo era una toma de posición: «Con esta comedia queremos contar un hecho real que ocurrió en Estados Unidos en 1921. Un inmigrante italiano anarquista llamado Salsedo “se cayó” desde una ventana del piso 14 de la comisaría central de Nueva York. El jefe de Policía declaró que fue un suicidio», explica. Tras una investigación y una súper-investigación –sigue–, se descubrió que «había sido arrojado por la ventana por los policías que lo interrogaban». Para actualizar esa historia, agrega por último, la trajo al presente y la situó «no ya en Nueva York, sino en una ciudad italiana cualquiera... Por ejemplo, Milán».

Brrr.

Eran atrevidos, como cuadraba a su antiguo oficio, aunque la licencia de loco, ese raro privilegio tardomedieval y renacentista que permitía a los bufones de la corte decir verdades incómodas sin sufrir castigos ni muerte, nunca la tuvieron. Y el 8 de marzo de 1973, Franca fue raptada por un grupo fascista conducido por oficiales de los Carabinieri de Milán, torturada y violada.

Placa conmemorativa en el edificio que fue hogar de Darío y Franca:
“Aquí, donde vivieron juntos los grandes artistas Darío Fo y Franca Rame, la ciudad de Milán recuerda su extraordinario compromiso con la promoción de la cultura al servicio de la conciencia cívica de la comunidad local, de Italia y del mundo. 
28 de marzo de 2026."
Placa conmemorativa en el edificio que fue hogar de Darío y Franca: “Aquí, donde vivieron juntos los grandes artistas Darío Fo y Franca Rame, la ciudad de Milán recuerda su extraordinario compromiso con la promoción de la cultura al servicio de la conciencia cívica de la comunidad local, de Italia y del mundo. 28 de marzo de 2026."

Y Franca Rame volvió a los escenarios dos meses después, para representar nuevos monólogos antifascistas. Y convirtió su violación en uno de ellos.

Por motivos misteriosos, en 1997 la Academia sueca decidió premiar esa valiente tradición, la antigua risa de los cómicos de la legua y los locos de las cortes, y Darío Fo recibió el Nobel de Literatura. La prensa fue fría. L’Osservatore Romano enarcó las cejas ante la concesión de tan codiciado premio a un «bufón»; el ABC de Madrid tituló «Un cómico de la legua» la breve columna dedicada a la noticia.

Poco importa. Cuando subió al estrado y tomó la palabra para dar su discurso en la ceremonia de recepción del Nobel –como ya lo habrán notado, esta es una historia de amor–, en vez de hablar de Darío, Darío hablaba de Franca:

Juntos hemos planeado y montado miles de obras, en teatros, en fábricas ocupadas, en sentatas en universidades, incluso en iglesias no consagradas, en cárceles y en parques, bajo el sol, bajo la lluvia, siempre juntos. Hemos tenido que soportar abusos, asaltos de la policía, insultos de los bienpensantes y violencia. Y es Franca la que ha sufrido la agresión más atroz. La que ha tenido que pagar más caro que ninguno de nosotros, con su integridad física, la solidaridad con los humildes y los derrotados que siempre ha sido nuestra sola premisa.

Afiche anunciando una representación de "Mistero Buffo" en Santarcangelo di Romagna en 1976
Afiche anunciando una representación de "Mistero Buffo" en Santarcangelo di Romagna en 1976

El día que se anunció que me iban a dar el Nobel, yo estaba frente al teatro de la Vía di Porta Romana, de Milán, donde Franca, con Giorgio Albertazzi, representaba El demonio con tetas. De pronto, me rodeó un enjambre de reporteros, fotógrafos y cámaras de televisión. Un tranvía que pasaba paró de golpe, el conductor bajó a felicitarme, y los pasajeros hicieron lo mismo y aplaudieron; todos querían darme la mano; de pronto, se detuvieron, y, al unísono, gritaron:

–¿Dónde está Franca?

Y empezaron a aullar:

–¡Francaaaa!

Hasta que vino Franca. Estupefacta y con lágrimas en los ojos, bajó a abrazarme. Y entonces, como llovida del cielo, apareció una banda de instrumentos de viento y tambores, formada por chiquillos de todos los rincones de la ciudad, y resultó que era la primera vez que tocaban juntos. Tocaron Porta Romana bella, Porta Romana a ritmo de samba. Jamás en mi vida había oído algo tan desafinado, pero fue la música más hermosa que Franca y yo hayamos escuchado nunca.

Este premio es para los dos.

Fo nunca llenó estadios ni encabezó listas de ventas, pero más de una vez tuvo que colgar en las puertas, por lo general pequeñas y populares, eso sí, de muchos teatros el cartel de «Ya no hay entradas». Con un armario y una mesa, con un teléfono y una puerta podía aniquilar a carcajadas a todos los poderes de la tierra. Era el hijo sin miedo de siglos de una tradición pobre y alegre de cómicos de la legua, verdaderos ingenios que hablaban el lenguaje de la gente para reírse de los príncipes de este mundo y llevaban la libertad a donde fueran.

Sello postal dedicado a Dario Fo en el centenario de su nacimiento
Sello postal dedicado a Dario Fo en el centenario de su nacimiento