Mucho se ha escrito sobre la figura de Ramona Ferreira hasta la fecha, pero con un pequeño inconveniente: poco es lo que se ha aportado como novedad desde las primeras publicaciones de Clyde Soto y Juan Carlos Rodríguez en 1993 con el redescubrimiento del periódico La Voz del Siglo (1).
¿Qué sabemos hasta ahora de ella? Oriunda de Concepción, fue redactora en el periódico El Porvenir a fines del siglo XIX, autora de un libro perdido —Compendio de economía doméstica, 1900— y, lo principal, la primera mujer en el Paraguay en dirigir un semanario. Se trataba de La Voz del Siglo (1902-1904), periódico de fuerte discurso anticlerical, que se reconocía a sí mismo como «antirreligioso». En sus páginas se impulsaba la legislación del divorcio y se alentaba a las mujeres a no asistir a misa, posición que provocó que grupos conservadores católicos realizaran dos atentados a su imprenta, el primero en octubre de 1902 y el segundo en diciembre de 1904, más violento que el anterior y que llevó a Ramona al exilio porteño. Allí participó en el Congreso de Librepensamiento de septiembre de 1906, en donde propuso abolir los conventos de mujeres (2), a la vez que fue nombrada directora de la primera escuela laica fundada por anarquistas y socialistas en el partido de Lanús, aunque renunciando al poco tiempo, enfrentada con los primeros. Su rastro se pierde por algunos años, reapareciendo en 1910 con colaboraciones en un bisemanario de librepensadores de Asunción titulado El Alba. En algún momento de la década de 1910-1920 regresó a su Concepción natal, ya que luego de diez años de silencio reaparece como «corresponsal en Paraguay» del mensuario argentino feminista Nuestra Causa entre 1919 y 1921, compartiendo allí espacio con Serafina Dávalos. Hacia 1923 intentó fundar en Asunción una sociedad para la prevención de la crueldad contra los animales (3). Y por último, gracias a un trabajo de archivo de Alma Monges, a través de una carta, sabemos que hacia 1938 se encontraba en una precaria posición económica (4).
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¿Qué nos falta saber? No tenemos datos certeros sobre el año de su nacimiento, que se estima entre 1875 y 1880 aproximadamente, ni sobre las circunstancias y el año de su fallecimiento. Respecto a esto último, existe una versión difundida por Line Bareiro, en base a un testimonio de Emilio Armele, según la cual Ramona habría fallecido en Concepción de un modo dramático: quemada viva por un incendio intencional en la casilla que habitaba y donde se dedicaba a vender periódicos. Esta versión no establece un año preciso; solo se refiere a algún momento de la década de 1940, dato bastante amplio.

Vaya esta pequeña introducción a modo de prólogo de lo que hasta ahora se podría considerar el último texto publicado por Ramona Ferreira. Se trata de un artículo que apareció en noviembre de 1946 —plena «Primavera democrática»— en el último periódico anarcosindicalista del Paraguay: Cultura Socialista, dirigido por Ciriaco Duarte.
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Si bien ella no se reconocía como anarquista, sino como «librepensadora» —parientes muy cercanos—, en las páginas de La Voz del Siglo otorgó un espacio predominante a las colaboraciones de José López Montenegro, reconocido teórico anarquista español que se encontraba en Asunción debido a la persecución sufrida en Europa por sus ideas y del cual ya ofrecimos una crónica en la entrega anterior de esta saga. Su «Manifiesto» de las ideas anarquistas, publicado en cinco entregas, es toda una declaración de principios.
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Además de él, pasaron por las páginas del semanario dirigido por Ferreira otros militantes ácratas, como Guido Pamingono, futuro integrante del periódico Renovación (1920-1926) —extraño caso de un anarquista que adhiere a la idea de superioridad de la raza aria—, y el argentino Alberto Ghiraldo, además de reproducir un texto del grupo libertario de Montevideo «Por la Vida» y fragmentos de La peste religiosa, la conocida obra de 1878 de Johann Most, el anarquista alemán impulsor de la «propaganda por el hecho», que tres años después sería también publicada en el periódico de la Federación Obrera Regional Paraguaya (FORP), El Despertar.
Utilizando una expresión de los comunistas, se podría decir de ella que fue una gran compañera de ruta del anarquismo, aunque este vínculo tuvo sus ambivalencias: les ofrece espacio en su periódico entre 1903 y 1904, se pelea con ellos en 1906 en Argentina, y publica su último texto en el último periódico anarquista del Paraguay en 1946, cuando el anticlericalismo compartido con Ciriaco Duarte actuó como elemento aglutinador para que Ramona reactualizara en las páginas del quincenario libertario críticas del mismo tenor que más de cuarenta años atrás vertía en La Voz del Siglo bajo el seudónimo de Giordano Bruno, relativas a la práctica de la confesión en la religión católica, tema al que dedicó varias columnas (5).
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El título del artículo de 1946 es llamativo: «La moral y la confesión auricular». Allí Ramona aborda lo traumático que es para una mujer tener que confesar cuestiones muy íntimas a un hombre que, «con el privilegio de la sotana, comete con impunidad la violación de la castidad femenina, ultrajando los últimos secretos de las niñas, esposas y madres con sus interrogatorios pornográficos de la guía de los confesores, que destrozan con ensañamiento el pudor de la mujer». Un tema que increíblemente mantiene su vigencia ochenta años después, ya que la Iglesia católica sigue negándose a nombrar a sacerdotes mujeres y no autoriza a las monjas a realizar esta tarea.

Más allá del contenido del texto, en el que no ahondaremos, ya que se reproduce en forma íntegra más adelante, lo importante aquí para aportar más datos a la reconstrucción de la trayectoria de Ramona es que surgen tres elementos nuevos. El primero, que en noviembre de 1946 seguía con vida. El segundo, que su anticlericalismo seguía más vigente que nunca. Y el tercero, que claramente ofreció las páginas de su periódico para la difusión de las ideas anarquistas, más allá de nunca reconocerse como tal, aspecto llamativamente ausente en los estudios sobre el semanario. Lo primero nos permite proponer una hipótesis: si la versión sobre su muerte es verídica, ¿ese incendio inquisitorial de su casilla y su cuerpo pudo haber ocurrido durante la guerra civil paraguaya de 1947 o durante la posterior represión generalizada de las fuerzas coloradas sobre la población civil?
Sea como sea, a la manera de las mujeres rebeldes de siglos anteriores que, acusadas de ser brujas, fueron quemadas vivas, al igual que su admirado Giordano Bruno y, quizá, del mismo modo que en Fahrenheit 451 de Truffaut, el personaje interpretado por Bee Duffell prefirió ser quemada viva con sus libros antes que abandonarlos; esa mujer mayor, que ya contaba con 65 o 70 años, lanzó una última blasfemia antes de que los epígonos locales de la Inquisición realizaran su tarea.
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Creemos que una relectura crítica y en profundidad de La Voz del Siglo, sumada a su última colaboración en la prensa en Cultura Socialista, permiten inscribir a Ramona Ferreira en la historia del anarquismo paraguayo que aquí intentamos reconstruir.
A continuación, el texto del que hablamos:
«La moral y la confesión auricular», por Ramona Ferreira
La religión cristiana, fundamentada en los preceptos morales de filósofos paganos, fue sencilla en su origen, fue la misionera de la fraternidad universal; pero cuando la ambición de los falsos representantes de apoderó de ella usurpando como patrimonio de la casta y la clase sacerdotal, pronto lo transformó en un instrumento de recurso, en una fuente de explotación, en un gran almacén de venta de las cosas celestiales, donde se compran bendiciones y sacramentos a gusto de los interesados; que a cambio del oro se lava crímenes y se concede dispensa para cometerlos, desapareciendo completamente del cristianismo la figura humilde de los apóstoles primitivos para sustituirle el pomposo pagano romano, con la ostentación vanidosa de una soberano que, apoyando de los reyes perversos, no vaciló hasta en esgrimir la espada, teñirla en sangre, y con esa tiranía imponer al mundo su poderío, edificando un trono sobre montaña de cadáveres.
Y así, el pontificado a sangre y fuego dejó borrado de la religión de Cristo el precepto de amaos los unos a los otros, para sustituirlo con el odio entre los hombres que los divide en bandos opuestos de fieles y herejes, induciéndolos a eterna discordia: a la guerra religiosa interminable.

Señores: la doctrina del pasado romano es diametralmente opuesta al verdadero espíritu de la religión de Cristo, de quien la leyenda dice que desde la cruz exclamó a las madres mujer, he ahí tu hijo, refiriéndose a Juan, para dejar incluida en su doctrina la enseñanza de la organización de la familia y confirmar la dignificación de la maternidad, pues que Jesús tanto amó a los niños que si no tuvo sucesión fue por la infecundidad de su muy amada Magdalena, cuya vida todo cristiano conoce, mientras la práctica del papado conspira contra la institución de la familia, repudiándola para imponer el celibato como estado social más perfecto en las órdenes religiosas, enseñando que ante la unión legal de los sexos es mejor la neutralización de la fecundidad o los infanticidios conventuales que eximen de los deberes y responsabilidad paternas.
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Y no para allí la osadía de los mistificadores de la religión de Cristo; pues en una inspiración de delirio sensual hasta sacramentaron un acto de la más atrevida deshonestidad, como medio de desorganizar a la familia y es: la confesión auricular, práctica de reñida infracción al sexto mandamiento de la ley de dios, que derrumbó por su base el resto de santidad que aún pudo haber en ella; acto en que el varón de desconocidas intenciones, con el privilegio de la sotana, comete con impunidad la violación de la castidad femenina, ultrajando los últimos secretos de las niñas, esposas y madres con sus interrogatorios pornográficos de la guía de los confesores, que destrozan con ensañamiento el pudor de la mujer.
Si esa confesión auricular no tuviera preconcebido fin de sensualismo en los hombres de sotana, ellos hubieran dado a las religiosas facultad de oir la confesión de las de su sexo y salvar por lo menos la apariencia de decoro. Pero no, la confesión auricular es invento de ellos y nadie puede usurparles la patente de tal, para ruborizar a las señoras con las insinuaciones impúdicas de solterones empedernidos.
La religión de Cristo y la del papado se dan de puntapié; y los fieles de Cristo deben guardarse de los anti-cristos de sotana, sean negros o purpurados.
[Publicado en Cultura Socialista, año I, no. 8, segunda quincena de noviembre de 1946, p. 3]

Notas
(1) Ambos incluidos en Alquimistas. Documentos para otra historia de las mujeres, Asunción, CDE, 1993.
(2) «Congreso Internacional del Libre Pensamiento», La Vanguardia, Año XIV, no. 256, Buenos Aires, 24 y 25 de septiembre de 1906.
(3) «S.P.C.A in Paraguay», The National Humane Review, Vol. 12, febrero de 1924, p. 40.
(4) Alma Monges, «Tras la tragedia: Ramona Ferreira y la construcción de su propia voz», en BVPS (online), 7 de marzo de 2026.
(5) «El cura, la mujer y la confesión», por Giordano Bruno, en La Voz del Siglo, año I, no. 25 y 26, Asunción, 9 y 16 de febrero de 1903.
*Mariano Damián Montero es historiador por la Universidad de Buenos Aires, magister en Historia Intelectual por la Universidad Nacional de Quilmes, miembro de la Red Internacional de Estudios Críticos sobre el Stronismo y de la Red Latinoamericana de Teoría e Historia de la Historiografía, investigador y autor de artículos sobre historia reciente del Paraguay publicados en revistas de diversos países. Ha publicado los libros Agapito Valiente. Stroessner kyhyjeha (Arandurã, 2019), Lincoln Silva: Obras completas (Arandurã, 2021) y Super Omnia Veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner (Arandurã, 2025).

Serie «Historias perdidas del anarquismo paraguayo»
(I) El Pájaro Negro y el DeLorean (El Suplemento Cultural, 10 de marzo de 2024).
(II) Consecuencias de pasar de obrero a patrón (El Suplemento Cultural, 17 de marzo de 2024).
(III) Los cuatro de 1938 (El Suplemento Cultural, 24 de marzo de 2024).
(IV) El inquisidor como antropólogo y el anarquismo paraguayo en los años sesenta (El Suplemento Cultural, 31 de marzo de 2024).
(V) El caso de Emilio Goltz y el paradigma indiciario (El Suplemento Cultural, 7 de abril de 2024).
(VI) Anarquismo paraguayo y edición: el caso de la Agrupación El Combate (1923-1925) (El Suplemento Cultural, 14 de abril de 2024).
(VII) ¿Viajan las ideas? Historia de un equívoco: los Kostianovsky y Néstor Majnó (El Suplemento Cultural, 21 de abril de 2024).
(VIII) El caso de Renovación, 1920-1926 (El Suplemento Cultural, 12 de mayo de 2024).
(IX) Cultura Socialista: el canto de cisne de la prensa anarquista paraguaya (El Suplemento Cultural, 2 de junio de 2024).
(X) Un traductor de obras anarquistas perdido en Asunción: el caso de Julio Company (El Suplemento Cultural, 1 de agosto de 2024).
(XI) La masacre de Puerto Pinasco y la crónica de los sucesos en El Obrero Gráfico (El Suplemento Cultural, 12 de enero de 2025).
(XII) La gira de Rodolfo González Pacheco por Paraguay en 1926 (El Suplemento Cultural, 2 de febrero de 2025).
(XIII) La «Villarrica del Espíritu Ácrata» (El Suplemento Cultural, 30 de marzo de 2025).
(XIV) 1906: El despertar ácrata de Biófilo Panclasta en el Paraguay (El Suplemento Cultural, 4 de enero de 2026).
(XV) «Guerra sin cuartel al sacerdocio y a la burguesía»: José López Montenegro en Asunción, 1903-1904 (El Suplemento Cultural, 24 de mayo de 2026).
(XVI) La última blasfemia de Ramona Ferreira (El Suplemento Cultural, 26 de julio de 2026).
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