El impacto de las muertes, especialmente de personas cercanas, puede dejarnos en un tiempo extraño que tratamos de llenar con números, fechas, encuentros que llegaron o no a realizarse. Como escribe Vir Cano, retomando a Derrida, «nos regala el don amargo de un tiempo infinito, el del mundo y de las vidas que se van con nuestrxs muertxs» (2021, sección «41»). Nos lleva a calcular lo incalculable y cartografiar lo imposible, ese territorio borroso de lo que no pudo ser. En ese tiempo sitúo estas letras para escribir sobre quien fuera una de las pensadoras más importantes de nuestro país, Line Bareiro, y sobre el mundo que se fue con ella.
Me mueve la convicción de que quienes dedican su vida a combatir las injusticias merecen el reconocimiento a su lucha, con el propósito de agradecer y reafirmar su legado.
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La mayor parte del tiempo en el que vivió Line ya no existe. Asistimos, ante la transformación tecnológica y la inevitable llegada de la inteligencia artificial, a rupturas de paradigmas en todos los ámbitos. Es un cambio de era. Y es imprescindible tenerlo en cuenta para valorar su aporte, porque en el contexto que le tocó está también la dimensión de su quehacer. Y recordar cómo lo hizo y desde dónde; pues, aunque tuvo la oportunidad de desarrollar su trabajo en otro país con mejores condiciones, eligió vivir en Paraguay.
Abogada y politóloga de formación y una de las investigadoras pioneras en lo que hoy se conoce como estudios de género, también fue fundadora e integrante de organizaciones como el Centro de Documentación y Estudios (CDE), la Coordinación de Mujeres del Paraguay (CMP), el movimiento Kuña Pyrenda y la Articulación Feminista Marcosur (AFM), por citar las más conocidas. Intelectual y militante a la vez, compaginar su trabajo investigativo con su activa participación política la convirtió en una destacada referente del movimiento social paraguayo y del feminismo latinoamericano y caribeño.
Uno de los ejes de su prolífica producción fue el concepto de ciudadanía articulado a la teoría de género. Este, como explicaba, en su origen busca definir la igualdad de derechos con la idea de universalidad, a pesar de que los sujetos de derechos eran hombres blancos; fueron el socialismo, el sufragismo y las luchas antirracistas los que disputaron ese sentido para ampliarlo y volverlo más inclusivo. La noción de ciudadanía que propuso incluye el ejercicio efectivo de los derechos, no solo su reconocimiento (no basta nombrar a las mujeres si siguen excluidas), y comprende la desigual distribución del poder en las sociedades. No se trata, aclaraba ella, de una «idea de las amazonas, de que vamos a gobernar sin los hombres», sino de dar énfasis a la pluralidad y la equidad (Allen, 2000).
Uniendo los conceptos de ciudadanía y género con la investigación histórica, Line contribuyó al rescate de la historia de las mujeres en Paraguay y a la transformación de la memoria social develando esas otras historias que también son nuestras: «Las historias oficiales que hablan de guerreros y mujeres sumisas, no cuentan todo lo que pasó en el Paraguay, nuestra historia es también la de las luchas campesinas, obreras, estudiantiles, indígenas y de las mujeres, pero la mayor victoria de los opresores ha sido borrar de la memoria lo mucho que en esta tierra se peleó por la libertad», expone en el documental Alquimistas: historia de las mujeres en Paraguay.
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En el prólogo a la primera edición de la tesis doctoral de Serafina Dávalos, Humanismo (1907), Bareiro relata que una amiga se la entregó como un material totalmente desconocido que había encontrado en la biblioteca de su madre. A partir de este hallazgo, Line investiga quién era esa paraguaya de principios del siglo XX con un pensamiento disruptivo para su época que cuestionaba el lugar de las mujeres en la sociedad. Su olfato de investigadora la llevó a descubrir e impulsar la divulgación del pensamiento y la figura de Serafina para la historia del Paraguay.
La recuperación de esta obra fue el inicio de hallazgos trascendentales, relatos «que estaban ocultos» y salieron a luz en investigaciones como Alquimistas. Documentos para otra historia de las mujeres. Hasta ese momento no conocíamos las luchas de las mujeres que cuestionaban en Paraguay su lugar asignado de madres y esposas; tampoco se pronunciaba la palabra lesbiana, que ella se atrevió a citar entre los comentarios que recoge en su investigación sobre Serafina: «se decía que era lesbiana…», «era una mujer diferente, que se destacaba, por eso hablaban mal de ella» (Bareiro, 1990).

Como maestra feminista –si bien nunca ocupó un cargo oficial en universidades del Paraguay, participó activamente en el ámbito académico como invitada a seminarios, debates y paneles, y ejerció la docencia en universidades e instituciones de otros países, como en el Máster de Género y Desarrollo de la Universidad Complutense (Madrid), del que fue profesora en varias ediciones–, nos enseñó a pensar y a escribir nuestro propio pensamiento, algo inusual en nuestra sociedad al desafiar el estereotipo de la mujer paraguaya abnegada y sumisa que solo deseaba casarse y tener hijos.
Line no solo entregaba sus conocimientos generosamente; también organizaba equipos de trabajo como el Grupo de Historia de las Mujeres –cuyos integrantes publicaron varias investigaciones– y el Área Mujer del CDE, que contaba con dos publicaciones periódicas (el Informativo Mujer, mensual, y el Anuario Mujer) de información, registro y análisis de la realidad de las mujeres en Paraguay, y fue una de las impulsoras de la biblioteca de la institución y de la Biblioteca Serafina Dávalos, uno de los principales centros de consulta del país para quienes realizan investigación sobre mujeres y género.
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Line viajaba continuamente para asistir a diversos eventos en los que era requerida. Volvía con libros para la biblioteca o para obsequiar –ya que hasta hace unos años la oferta de literatura en general, y más para investigación en ciencias sociales y feminismos, era escasa en Paraguay– y con artesanías originales que mostraban la diversidad de culturas de los países de América Latina y el Caribe. Con cada una traía una enseñanza, una historia que contar y de la cual aprender: el cuadrito de San La Muerte y los huipiles de México, un libro de Pedro Lemebel de Chile, o la novela de Vargas Llosa sobre la vida de Flora Tristán.
Segura y dueña de sí misma y de lo que pensaba, no era fácil confrontarla desde la diferencia. De personalidad fuerte e implacable –me atrevo a decir por cómo la conocí, al trabajar con ella durante muchos años–, rompió mandatos tradicionales sobre el lugar asignado a las mujeres en nuestra cultura. Esa fortaleza parecía protegerla del rechazo de gran parte de la sociedad a las transformaciones que implica el camino hacia la igualdad y la justicia.
Poseía la destreza de explicar conceptos complejos con un lenguaje claro, comprensible para diversos públicos. Sus charlas, presentaciones, clases magistrales siempre despertaban interés: sabía captar la atención como una actriz en escena, quizá parte del bagaje adquirido en su paso por grupos de teatro locales. Recuerdo su ingenio, su sentido del humor, la inteligencia con que lograba hacernos reír de anécdotas cotidianas sin caer en burlas, haciéndonos pensar un poco o solo distendernos y pasar bien un momento de cercanía.
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Al conocer la noticia de su partida final, mil escenas de los años compartidos volvieron a mi memoria en ese «no tiempo» del que habla Vir Cano. Conservo en mi sala un regalo suyo que me acompaña desde hace mucho: un cuadrito artesanal de San La Muerte –cuatro calaveras músicas y una imagen de la Virgen de Guadalupe detrás–, traído de uno de sus viajes a México. Menciona Cano, justamente, que en la cultura mexicana, al celebrar cada noviembre el Día de los Muertos, se colectiviza el duelo: «Allá, como en otros lugares, hay una fecha común, en la que lxs muertxs son de todxs (y de nadie), y en la que la vida de esxs que no están (o están, pero de otra manera) se vuelve una cuestión colectiva, común» (2021).
Y pienso que a ella le hubiera gustado ver lo agradecidas que le estamos por todo lo que nos enseñó, como la gran maestra feminista que fue para varias generaciones de mujeres en Paraguay.

Referencias
Allen, Betania (2000). Centro de información y desarrollo de la mujer y Red de Educación Popular entre Mujeres. Memoria: Foro, género y ciudadanía. Desacatos [en línea], (3), pp. 125-130. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13900313.
Bareiro, Line (1990). Atando cabos. Prólogo en tres tiempos, en: Dávalos, S. Humanismo. A cien años de Humanismo. Centro de Documentación y Estudios (CDE), 2007.
Bareiro, L., Soto, C., y Monte, M. (1993). Alquimistas. Documentos para otra historia de las mujeres. Centro de Documentación y Estudios (CDE).
Centro de Documentación y Estudios (CDE) y Decidamos (1995). Alquimistas: Historia de las mujeres en Paraguay [Documental]. Alta Producciones. https://www.youtube.com/watch?v=BMlCj8lKfoc
Vir Cano (2001). Dar (el) duelo: notas para septiembre. Galerna.

*Verónica Villalba es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Católica de Asunción (UCA), magister en Género y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y especialista en Políticas Públicas y Género por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).
