Invierno esperanzador, primavera efervescente y verano revolucionario

Cnel. Rafael Franco volviendo del exilio en la Primavera Democrática. Imagoteca.
Cnel. Rafael Franco volviendo del exilio en la Primavera Democrática. Imagoteca.

Hace 80 años, en la segunda mitad de 1946, Paraguay vivió un momento de libertades públicas que terminó abruptamente cuando las tensiones políticas no resueltas derivaron en la guerra civil de 1947, que dio paso a una larga hegemonía partidaria, y después a una dictadura. Pero antes, por unos meses, se reactivaron los sindicatos, se recuperó la libertad de expresión, regresaron al país los exiliados y la vida volvió a sonreír. Se recuerda ese breve periodo como «la Primavera Democrática».

En la segunda mitad del año 1946, el presidente Higinio Morínigo se vio obligado a tomar una posición pluralista en su gobierno, que hasta entonces se había apoyado en un sector de las Fuerzas Armadas (1). Dispuso entonces la libertad de prensa y derogó los decretos que habían creado y reglamentado la tregua política en 1940 (2).

Luego del anuncio de la formación de un gobierno de coalición (encabezado por Morínigo e integrado con febreristas, colorados y militares), se realizó un multitudinario acto cívico en la Plaza Independencia, donde representantes de cuatro agrupaciones políticas, además del Consejo Obrero del Paraguay (COP) y la Federación Universitaria del Paraguay (FUP), dieron sendos discursos. En esa ocasión, Hipólito Sánchez Quell describió la nueva situación gubernamental diciendo: el dictador ya no es más el dictador. El dictador es prisionero de un gabinete democrático (3).

El levantamiento de las restricciones propició el retorno al país del liberal José P. Guggiari, el febrerista Rafael Franco, el comunista Oscar Creydt y otros dirigentes, dando emergencia natural a los partidos políticos y también a gremios y asociaciones en general, en una carrera proselitista sin precedentes con el objeto de participar en la Asamblea Nacional Constituyente que daría origen a una nueva Constitución. Se iniciaba la llamada «primavera democrática».

Concentración del Partido Comunista frente al Panteón de los Héroes a la llegada de Oscar Creydt en la Primavera Democrática
Concentración del Partido Comunista frente al Panteón de los Héroes a la llegada de Oscar Creydt en la Primavera Democrática

Sin embargo, el art. 94 de la Constitución de 1940, que regía en ese entonces, disponía que esta no podía ser reformada hasta cumplirse diez años desde su promulgación. En consecuencia, solo podría reformarse a partir de julio de 1950 (4).

En esa particular coyuntura, lo político se impuso sobre lo jurídico, con la postura de que no importaba el orden constitucional mientras se acordara un objetivo político en común. Esta solución ilegal no se materializó porque en la carrera proselitista el entusiasmo cívico condujo a una competencia de fuerza y números con intereses partidarios distintos que derivaron en violencia. Entre asambleas, mítines, manifestaciones, marchas, concentraciones, alocuciones radiales y giras partidarias por el interior del país, se cuentan alrededor de sesenta actividades políticas entre junio y diciembre de 1946.

Al margen de esta novedad, los partidos fueron los protagonistas debido al carácter de la confrontación, que en poco tiempo pasó de la retórica a los enfrentamientos físicos. Por su parte, el gobierno se sentía injuriado en las batallas de propaganda, ya que, habiendo otorgado margen para las actividades políticas, recibía ácidas críticas con lenguaje agresivo, además de la incitación a exacerbar las pasiones de la ciudadanía, cuando el objetivo era la normalización institucional y el apaciguamiento espiritual de la nación.

José P. Guggiari habla ante la multitud que lo recibió a su vuelta del exilio, el 14 de agosto de la Primavera Democrática del 46
José P. Guggiari habla ante la multitud que lo recibió a su vuelta del exilio, el 14 de agosto de la Primavera Democrática del 46

En este conmocionado ambiente, el gobierno de coalición no encontró maneras de ejecutar un proyecto de conducción estatal inmune a los efectos de la carrera proselitista; en consecuencia, las contrariedades entre febreristas y colorados indicaban que el cogobierno era apenas sostenible. El carácter de esta administración estaba signado por el sectarismo político partidario, cuya calificación se debatía entre la coalición y la colisión, al decir del entonces editorialista del diario El País, Augusto Roa Bastos.

El propio Morínigo explicaba que el gobierno de coalición fue el resultado de las presiones de aquí para allá, de que había que democratizar, etc. Porque yo goberné al país sin partidos, pero con el país. No tenía correligionarios, pero sí compatriotas y en ellos yo no atendía sino la conducta, la capacidad y la honestidad que eran los únicos títulos. No me preocupaba la afiliación porque yo tenía el concepto de que el Paraguay había sufrido mucho por la politiquería, muchas revoluciones campales y otras, con millones tirados; y yo culpaba a los políticos, a la mala política. Gobernar sin partidos políticos, sólo con el Ejército, era un problema. Y probé. Y goberné casi ocho años. Pero luego vino el gobierno de coalición con los colorados, febreristas y nacionalistas. Era la primera vez que entraban al gabinete los colorados y febreristas. Pero eso no duró mucho, porque los febreristas empezaron a conspirar; inclusive pedían la cabeza del presidente en la plaza pública, para «villaroelizarlo». Imagínese, a Villaroel lo habían colgado en Bolivia poco tiempo antes. Y eso pedía nada menos que el hijo del ministro de Relaciones, Miguel Ángel Soler (5).

Adelaida Vega, militante febrerista, habla en un mitin durante la Primavera Democrática
Adelaida Vega, militante febrerista, habla en un mitin durante la Primavera Democrática

En estas circunstancias, la figura de Morínigo adquirió gran relevancia. Si bien su destitución era cuestión de decisión, ningún jefe militar tuvo la intención de sucederlo (6). Su astucia, aún sin experiencia política previa, habiendo soportado conspiraciones de los liberales desde el inicio de su gobierno, además de haber sofocado dos levantamientos armados (en 1941 por parte de los febreristas y en 1944 a cargo de un sector militar), le daba suficiente entereza para seguir en el poder. Aunque para hacerlo necesitaba el apoyo de algún sector, por lo que se decidió por el partido político con menor protagonismo hasta entonces, pero con auténtica base popular: el Partido Colorado.

Pampliega, entonces ministro del Interior y de Defensa, refiere: La crisis del gobierno de coalición tomó fuerza con la renuncia efectiva de sus componentes febreristas. Rafael Franco dio dicha orden como medida extrema para dilatar la puesta en marcha del acuerdo nacional. La intempestiva resolución trajo consigo un problema muy difícil de solucionar; se trataba de la situación del Partido Colorado pues en apariencias la mencionada agrupación quedaba como único partido en el gabinete. No tenía por qué retirarse ante la determinación febrerista y de hacerlo, sus caudillos reaccionarían inmediatamente para impedir cualquier maniobra conducente a sacarlos del gobierno (7).

En este nuevo escenario, se gestó un movimiento para copar el Gabinete presidencial con la anuencia del presidente Morínigo, protagonizado por Natalicio González, Víctor Morínigo y otros dirigentes colorados. Esto ocurría el 13 de enero de 1947, fecha de retorno de la Asociación Nacional Republicana al poder después de 42 años y antesala del levantamiento armado de febreristas, liberales y comunistas contra el gobierno de Morínigo el 7 de marzo, conocido como Guerra Civil o Revolución del 47.

Obdulio Barthe hablando frente al Panteón de los Héroes en la Primavera Democrática de 1946
Obdulio Barthe hablando frente al Panteón de los Héroes en la Primavera Democrática de 1946

Notas

(1) El llamado «Frente de Guerra», integrado por oficiales de tendencia nazifascista que perdieron influencia al finalizar la II Guerra Mundial y fueron desplazados luego de un levantamiento armado en la Caballería el 09/06/1946.

(2) Por Decreto N.° 1 del 18/02/1940, el presidente José Félix Estigarribia asumía la «plenitud de los Poderes Políticos del Gobierno de la República», estableciendo además una «tregua en las actividades políticas de los partidos y agrupaciones». Luego, por Decreto N° 447 del 18/03/1940, reglamentó la tregua política.

(3) La Tribuna, 26/07/1946, p. 5.

(4) De hecho, en diciembre de 1944 el rector, decanos, profesores y alumnos de la Universidad Nacional solicitaron a Morínigo la realización de una Convención Nacional Constituyente. La Corte Suprema de Justicia la rechazó por improcedente el 12/01/1945 con base en el artículo 94. El País, 13/01/1945, p. 2.

(5) SEIFERHELD, Alfredo (1984). Conversaciones político-militares. Vol. I. El Lector, p. 56.

(6) Los febreristas ofrecieron el cargo a Vicente Machuca y los colorados a Amancio Pampliega, pero no aceptaron. Ver SEIFERHELD, Alfredo (1984). Conversaciones político-militares. Vol II. El Lector, p. 147; y PAMPLIEGA, Amancio (1984). Misión cumplida. El Lector, p. 147.

(7) PAMPLIEGA, op. cit., p. 155.

Recepcion del Cnel. Franco en el Puerto de Asunción a su regreso del exilio en la Primavera Democrática
Recepcion del Cnel. Franco en el Puerto de Asunción a su regreso del exilio en la Primavera Democrática

*Hermes Ramos Dávalos (Asunción, 1980) es abogado y magister en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Asunción (UNA), con estudios de Historia en dicha institución. Su trabajo Un capítulo del nacionalismo en el Paraguay: El gobierno de Rafael Franco recibió el premio del Concurso Literario Grupo General de Seguros 2012 en la categoría de ensayo. Ha publicado Trayectos de la lengua guaraní (Secretaría Nacional de Cultura / Concurso de Ensayo Rafael Barrett, 2011) y Contexto político del golpe de 1989: una visión desde la prensa (Intercontinental, 2019).