La Dra. Elba Segovia, mastóloga de CBC Laboratorio Central, destaca que la detección temprana aumenta las posibilidades de curación y, en muchos casos, permite acceder a tratamientos menos agresivos.
La especialista pone énfasis en el autoconocimiento mamario, una herramienta que permite identificar modificaciones que antes no estaban presentes. “Conocer nuestras mamas no debería generar miedo, sino darnos herramientas para consultar a tiempo”, señala.
Un bulto nuevo o persistente, alteraciones en la piel, retracciones, cambios recientes en el pezón, secreción con sangre o la aparición de un bulto en la axila son algunas de las señales que requieren una consulta médica.
“Si una mujer presenta un síntoma o un cambio nuevo en la mama, no debe esperar a tener ‘la edad de la mamografía’ ni a que llegue su control anual. Debe consultar”, advierte la doctora.
Controles aun cuando no haya síntomas
La detección precoz busca encontrar la enfermedad antes de que aparezcan síntomas. En ese sentido, la mamografía continúa siendo una herramienta fundamental, ya que puede identificar lesiones muy pequeñas, incluso antes de que puedan palparse.
“El objetivo fundamental del tamizaje es buscar la enfermedad cuando todavía no dio síntomas”, explica la mastóloga, quien recomienda una mamografía de base entre los 35 y 40 años y, posteriormente, controles anuales desde los 40.
Sin embargo, la frecuencia y el momento de inicio pueden variar según el riesgo individual. Mujeres con antecedentes familiares importantes, determinadas alteraciones genéticas u otros factores pueden necesitar controles más tempranos.
El autoconocimiento también puede incorporarse desde edades tempranas. “El autoexamen podemos hacernos todos los meses, desde los 20 años”, señala, aunque aclara que este no reemplaza la mamografía ni los controles médicos.
Cuidarse desde la información
Para la Dra. Segovia, la prevención también implica cambiar la manera en que se aborda el cuidado mamario. “No cuidarnos desde el miedo, sino desde la información”, propone.
La recomendación es sencilla: conocer cómo son normalmente las propias mamas, saber cuándo corresponde realizar los controles, hacerse regularmente los estudios indicados y consultar ante cualquier modificación.
“No saltarse los controles porque ‘no siento nada’, hacerse la mamografía regularmente y sobre todo mostrar el resultado”, concluye la especialista.
