Reguladas, frío e inercia gubernamental: así se espera ómnibus con 12 grados antes de que amanezca

Fotos de la parada de buses tema regulada del transporte publico Recorrido
hoy 23 de Junio de 2025
Gustavo Machado
Fotos de la parada de buses tema regulada del transporte publico Recorrido hoy 23 de Junio de 2025 Gustavo MachadoGustavo Machado

A pesar de las bajas temperaturas, miles de paraguayos salieron a las calles antes del amanecer para esperar por horas un ómnibus que los lleve a tiempo a sus trabajos, mientras se resignan al desprecio y ninguneo por parte de empresarios y autoridades del Gobierno.

La mañana despierta sobre Calle Última con un frío de 12 grados que cala en los huesos y se cuela bajo los abrigos. Es el cruce convulso donde convergen la avenida Eusebio Ayala y la Ruta PY02; un escenario donde el día no comienza con el canto de los pájaros, sino con el rugido de los motores y el constante peregrinaje de quienes aguardan al borde del asfalto.

Allí, sobre la vereda, el tiempo transcurre con una lentitud distinta. Cientos de miradas fijas se pierden en el horizonte gris buscando la silueta de un autobús que rara vez trae consigo la promesa de un espacio vacío.

Las máquinas pasan abarrotadas, casi asfixiadas de rostros cansados, desplazándose sin detenerse o abriendo sus puertas solo para revelar estribos desbordados. En ese umbral de humo y prisa, las promesas legislativas de reformas y los controles gubernamentales prometidos parecen disolverse en el aire gélido de la mañana.

Nadie piensa en los pasajeros

Desde las esferas gubernamentales, el relato oficial promete una metamorfosis integral. El Ejecutivo y el Viceministerio de Transporte han anunciado una transformación del sistema, respaldada por la promulgada Ley Nº 7.617/2026, sustentada en la llegada de flotas de buses eléctricos, la reducción de operadores y la renovación de unidades.

Por su parte, desde los gremios empresariales como Cetrapam (encabezado por César Ruiz Díaz), el discurso apela continuamente al “descalce financiero” provocado por los retrasos estatales en el pago del subsidio, justificando así la falta de renovación.

Sin embargo, en medio del cruce de acusaciones, reglamentaciones y firmas en despachos, la flota de buses en circulación se redujo drásticamente en los últimos años (pasando de 2.400 a 1.400 unidades), dejando a miles de trabajadores atrapados en una matemática implacable: cada vez hay menos colectivos para sostener a una ciudad que no se detiene.

La gente espera respuestas

Al recorrer la multitud en la parada, las voces de los usuarios tejen una realidad opuesta a las narrativas oficiales. Leticia, con la mirada fija en la avenida, relata que su espera oscila entre veinte y treinta minutos todos los días.

Para ella, los anuncios normativos no han alterado en absoluto el ritmo de sus mañanas: las unidades viajan exhaustas y el bamboleo de los viejos chasis golpea con fuerza sobre el asfalto gastado.

Metros más allá, Víctor aguarda desde hace media hora el paso de un autobús que lo aproxime a su destino. Su diagnóstico es tan directo como poético en su crudeza: para aspirar a viajar sentado hay que retroceder kilómetros en la ruta, abordar mucho antes de que el vehículo ingrese a los nudos críticos de Central.

“Es lo mínimo que uno espera para ir a trabajar”, reflexiona, recordando que la dignidad en el traslado no debería ser una concesión graciosa, sino el derecho mínimo correlativo a cada pasaje pagado y a cada tributo que sostiene las arcas públicas.

Pagar plataformas, pero, ¿a qué costo?

Ante la impotencia del transporte colectivo, la ciudadanía encuentra vías alternativas para salvar la jornada. Carol, con la pantalla iluminada de su teléfono, recurre a vehículos de plataformas privadas para llegar a tiempo a su trabajo. Es el costo extra que debe asumir para no quedar expuesta a la intemperie y al colapso del servicio público.

La mañana avanza y el flujo de trabajadores no cesa. Algunos corren detrás de una unidad que apenas disminuye la marcha; otros resignan su paciencia al reloj. Entre el humo de los escapes, el frío persistente de doce grados y los discursos que flotan en el ambiente, la jornada recomienza. Mientras las leyes se promulgan y los subsidios se debaten, en la acera de Calle Última la movilidad urbana sigue siendo una larga, fría y silenciosa espera.