Sociedad de alto rendimiento: ¿éxito o agotamiento?

Sociedad de alto rendimiento
Sociedad de alto rendimiento

La presión por producir más, aprender más rápido y estar siempre disponibles está transformando la forma en que las personas trabajan y viven. Para ABC Negocios, Edith Tiencken, Founder & CEO de Smart Brain Insights, analizó las consecuencias de una cultura que exige desempeño permanente y plantea la necesidad de construir modelos más sostenibles y cultura de excelencia.

La sociedad actual atraviesa una transformación profunda en la manera de comprender el éxito. Durante años, la productividad, el esfuerzo y la capacidad de alcanzar objetivos fueron considerados símbolos de progreso. Sin embargo, la aparición de una cultura de alto rendimiento instaló nuevas exigencias: responder con rapidez, adaptarse constantemente y demostrar resultados de forma continua.

Para Tiencken, el verdadero desafío no está solamente en alcanzar la excelencia, sino en evitar que la búsqueda permanente de resultados termine afectando la salud, la creatividad y la capacidad de sostener un buen desempeño a largo plazo.

Edith Tiencken, Founder & CEO de Smart Brain Insights.
Edith Tiencken, Founder & CEO de Smart Brain Insights.

Cuando producir más se convierte en una presión constante

La especialista sostiene que uno de los principales cambios de esta época es que el rendimiento dejó de ser únicamente un indicador del trabajo realizado y comenzó a convertirse en una medida del valor personal.

En este contexto, muchas personas sienten que deben estar siempre disponibles, actualizadas y preparadas para responder a nuevas demandas. La incertidumbre económica, la competencia global, la automatización y la transformación tecnológica aumentan esta sensación de urgencia permanente.

El Foro Económico Mundial estima que el 39% de las habilidades actuales cambiará o quedará obsoleto entre 2025 y 2030, una realidad que impulsa a los profesionales a mantenerse en constante aprendizaje para conservar su competitividad.

Sin embargo, advierte que esta dinámica puede generar una paradoja: mientras las personas buscan mejorar su desempeño, pueden terminar reduciendo capacidades esenciales como la creatividad, la concentración y la toma de decisiones.

El impacto del agotamiento en la flexibilidad cognitiva

Para Tiencken, el agotamiento es solo una de las manifestaciones visibles de una cultura basada en la exigencia permanente. La presión sostenida afecta directamente el funcionamiento cerebral y limita procesos necesarios para un desempeño efectivo.

Desde la perspectiva de la neuroagilidad, explica que el estrés continuo reduce la flexibilidad cognitiva, favorece respuestas automáticas y dificulta la capacidad de adaptarse ante nuevos escenarios.

En el plano emocional, esta situación puede reflejarse en ansiedad, irritabilidad, sensación de insuficiencia y desconexión con el propósito del trabajo. Muchas personas continúan cumpliendo sus tareas, pero pierden iniciativa, curiosidad y capacidad de aportar nuevas ideas.

Tiencken define este fenómeno como “presencia sin compromiso”: el trabajador permanece físicamente activo, pero su energía cognitiva y emocional ya no acompaña plenamente sus responsabilidades.

Por ello, considera que el burnout no debe analizarse solamente como un problema individual, sino como una consecuencia de modelos laborales que no siempre contemplan los límites humanos.

Tecnología: el enemigo de la concentración

La tecnología amplió las oportunidades de colaboración y permitió nuevas formas de trabajo, pero también generó una conexión constante que dificulta establecer límites.

Hoy, muchos profesionales responden correos electrónicos, mensajes y reuniones virtuales durante toda la jornada e incluso fuera del horario laboral.

Según estudios de Microsoft citados por Tiencken, un trabajador promedio recibe más de un centenar de correos electrónicos diarios y más de 150 mensajes en plataformas colaborativas. Cada interrupción obliga al cerebro a cambiar de contexto, aumentando el desgaste mental y reduciendo la capacidad de concentración profunda.

La cultura de la excelencia

A esto se suma la influencia de las redes sociales, donde el desempeño profesional también se convierte en una exposición pública. Ya no solo importa alcanzar objetivos, sino demostrar constantemente que se están alcanzando.

Uno de los principales planteamientos de Tiencken consiste en diferenciar la excelencia de la sobreexigencia. Aunque pueden parecer similares, sus raíces son diferentes.

La excelencia surge del propósito, del aprendizaje y del deseo de generar valor. La sobreexigencia, en cambio, nace del miedo permanente a no ser suficiente. Mientras una cultura de excelencia permite equivocarse, aprender y recuperarse, la sobreexigencia transforma cada resultado en una evaluación personal.

La especialista sostiene que el verdadero alto desempeño debe cumplir tres condiciones: generar valor, favorecer el aprendizaje y mantenerse en el tiempo sin comprometer el bienestar.

Gestionar primero el cerebro y luego el tiempo

Frente a esta realidad, Tiencken propone cambiar el enfoque tradicional de productividad. Antes de administrar mejor una agenda, plantea la necesidad de gestionar el estado neurológico desde el cual se toman decisiones.

Su metodología PAUSA se basa en cinco pilares:

  1. Percibir el estado interno.
  2. Alinear prioridades con propósito
  3. Combinar concentración con pausas reales de recuperación,
  4. Establecer límites digitales
  5. Fomentar hábitos de aprendizaje continuo.

También incorpora el uso ético de datos para comprender qué factores favorecen el compromiso, la seguridad psicológica y el mejor desempeño de las personas.

El objetivo no es controlar a los trabajadores, sino identificar las condiciones que permiten potenciar sus capacidades.

La IA como una aliada para liberar tiempo

Para Edith Tiencken, las organizaciones deben avanzar de un modelo de productividad extractiva hacia una cultura de alto desempeño sostenible. Esto implica revisar la forma en que se diseña el trabajo, fortalecer liderazgos, generar mayor autonomía y crear espacios reales de recuperación.

La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta clave para liberar tiempo destinado al pensamiento creativo y la innovación, siempre que no sea utilizada únicamente para acelerar sistemas que ya operan al límite.

“El desafío de la sociedad del alto rendimiento será redefinir el éxito: no como una carrera permanente contra el tiempo, sino como la capacidad de alcanzar resultados de calidad sin comprometer la salud”, concluye.

ABC Empleos