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40% de los colaboradores llegó hoy estresado y no se registra en ningún balance

Estrés laboral
El estrés de los colaboradores no se registra en el balance pero, pero impacta en la productividad.Worawee Meepian

Hay una cifra que debería incomodar a cualquier directorio: el 40% de los trabajadores del mundo dice haber sentido estrés durante buena parte del día anterior. No el mes pasado: ayer. Gallup, que releva el dato, estima que la caída del compromiso laboral le cuesta a la economía mundial cerca de 10 billones de dólares, un 9% del PIB global. La OMS y la OIT suman otro número: la depresión y la ansiedad hacen perder 12.000 millones de días de trabajo por año, casi un billón de dólares.

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El problema

El estrés casi nunca aparece con su nombre. Aparece disfrazado: rotación, ausentismo, errores evitables, reuniones que no concluyen nada, clima interno deteriorado. Y aparece, sobre todo, como presentismo, gente que cumple horario y rinde a la mitad. Esa pérdida no la registra ningún sistema de gestión.

El cuadro se agrava arriba de la pirámide, no abajo. El 45% de quienes tienen gente a cargo reporta estrés diario, contra el 39% de quienes no lideran equipos, y el compromiso de los mandos medios cae hace cuatro años seguidos. El desgaste golpea más fuerte justo donde se toman las decisiones que después bajan en cascada al resto de la organización.

Lo aprendí del lado incómodo. Administré mi tiempo años como si el problema fuera la agenda: más horas, más control. Funcionó hasta que dejó de funcionar. Lo que me faltaba no era método de trabajo, era capacidad de regular mi propio sistema nervioso bajo presión, una distinción que terminó llevándome a pasar un año en un monasterio en la India.

La solución

La respuesta habitual de las empresas es un beneficio: una app de meditación, una charla anual. Bien intencionado, y casi nunca mueve la aguja, porque trata al estrés como un tema de actitud.

No lo es: es fisiología, y la fisiología se entrena. Las habilidades socioemocionales se aprenden igual que se aprende a leer un estado de resultados, y la vía más directa, con más evidencia científica y menor costo, es la respiración.

Cómo funciona

El sistema nervioso autónomo regula el pulso, la presión y las hormonas del estrés sin que podamos intervenir voluntariamente.

La respiración es la única de esas funciones que sí controlamos de forma consciente: la puerta de acceso al sistema que gobierna nuestro estado interno. Con patrones respiratorios específicos se estimula el nervio vago, aumenta la variabilidad de la frecuencia cardíaca, marcador reconocido de resiliencia, y el organismo pasa del modo de alerta al modo de recuperación.

No es una hipótesis suelta. Un ensayo clínico aleatorizado publicado en 2024 en JAMA Network Open siguió a 129 médicos que aprendieron Sudarshan Kriya, la técnica de respiración cíclica de El Arte de Vivir. A las ocho semanas, el grupo que practicaba mostró reducciones significativas de estrés, ansiedad, insomnio y desgaste profesional, y un aumento medible de la realización en el trabajo, frente a un grupo de control con capacitación convencional en manejo del estrés.

La implementación es simple: un entrenamiento inicial de pocos días, quince minutos diarios y seguimiento sostenido, sin infraestructura ni interrupción de la operación. Y el retorno está estudiado: la OMS y el Banco Mundial calcularon que cada dólar invertido en salud mental devuelve cuatro en salud y productividad.

La pregunta, entonces, no es si su empresa puede permitirse este tipo de programas. Es otra, y la dejo abierta: ¿cuánto le está costando hoy, sin saberlo, que su gente trabaje agotada?

(*) Director Latam Sky Campus

Fuentes datos: Gallup, State of the Global Workplace 2026. OMS y OIT, Mental Health at Work (2022), JAMA Network Open, 2024 y The Lancet Psychiatry (2016).

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