A pocos kilómetros de Asunción, bajo la sombra de los potreros silvopastoriles de Ypacaraí, un toro no sale a buscar vacas. Espera su turno de colecta. Lo que produzca en un solo salto puede convertirse en hasta 600 pajuelas, que se congelan y quedan listas para preñar vientres en una estancia del Chaco o en un establecimiento de Centroamérica o países vecinos.
Esa es la lógica del Centro Genético Taurus: tomar lo mejor de la ganadería paraguaya y multiplicarlo, dentro y fuera de las fronteras.
“Siempre hubo gente fuera del país interesada en nuestra genética, pero no teníamos la posibilidad de sacarla. De ahí nace la idea”, resume la doctora Jessin Rieder, gerente de la firma.

Seis años de proyecto, tres de operación
Taurus nació como proyecto hace seis años, pero empezó a operar hace tres. El tiempo intermedio no fue de espera: fue de obra, cálculo y ajuste a normas.
“Manejamos biología, que es sinónimo de vida. La creación y adaptación del centro llevó su tiempo, porque siempre se pensó en la exportación y había que ajustarse a estándares nacionales e internacionales”, explica Rieder.
La ubicación jugó a favor. La cercanía con la capital simplifica la logística, el sistema silvopastoril favorece el bienestar animal y el predio ya contaba con un galpón y otras dependencias que se readecuaron para el nuevo negocio.
El modelo de negocio es claro: hotelería, colecta, procesamiento y congelamiento de semen bovino en pajuelas. Taurus no comercializa la genética; presta el servicio al dueño del toro.

Puertas abiertas a todas las razas
Esa definición del modelo de negocio tiene una consecuencia directa. El centro está habilitado para la colecta de semen bovino, sin restricciones de raza, y abierto a cualquier productor que quiera masificar la genética de su reproductor.
Por los corrales ya pasaron ejemplares Nelore, Brahman, Brangus, Braford, Senepol y Belmont Red. La incorporación más reciente es un Senangus.
“Al ofrecer el servicio y no la comercialización, estamos completamente abiertos a cualquier productor que tenga interés en multiplicar su toro”, señala la gerente.
Cuarentena antes de la colecta
El ingreso al proceso no es automático. El productor debe contactar primero al centro. Una vez que el animal llega, atraviesa una precuarentena y una cuarentena, con análisis sanitarios que lo igualan al régimen de todo el plantel.
Solo cuando aprueba todos los estudios requeridos pasa a la categoría de residente y entra en la rutina de colecta.
El rigor tiene razón de ser: un solo animal fuera de norma podría comprometer el estatus sanitario que habilita las exportaciones.

Un toro sirve entre 35 y 1.000 vientres
La cuenta que más convence al ganadero es la de productividad.
“El impacto de la genética dentro de una estancia es gigantesco. Un toro transmite a sus terneros precocidad, ganancia de peso, tolerancia al ambiente y muchas otras características”, afirma Rieder.
A campo, un toro sirve entre 25 y 35 vacas en una temporada de servicio de tres meses. En el centro, el mismo reproductor salta dos veces por semana para la colecta, y cada salto rinde entre 100 y 600 pajuelas.

“Por dar un número rápido: en tres meses, ese toro puede dar unas 1.500 pajuelas, incluso llegar a 3.000 pajuelas, para inseminar la misma cantidad de vacas”, calcula la gerente.
De 35 vientres a mil. Esa es la diferencia entre un toro en el potrero y un toro en un centro genético.
A eso se suma otra ventaja: el semen de los animales destacados puede conservarse congelado durante años. El productor puede usarlo cuando tenga una vaca y quiera fijar en su descendencia las virtudes de ese padre, incluso cuando el toro ya no esté.
Datos que respaldan la pajuela
Desde mediados del año pasado, Taurus suma un segundo pilar: la Estación de Prueba de Toros. Allí se registran, entre otros indicadores, los datos de calidad seminal de cada reproductor.
“Nuestro objetivo es ser un centro genético integral: ofrecer no solamente un producto final de excelente calidad, sino también los datos que lo acompañan”, sostiene Rieder.
La apuesta apunta a un mercado que exige cada vez más información. El comprador de genética ya no se conforma con la fama del toro en la pista: quiere números que respalden la decisión.
“No era un proyecto nuevo en el país, pero sí muy nuevo para nosotros. Fue un desafío grande que nos motivó muchísimo”, reconoce.

Del Paraguay al mundo
Las exportaciones comenzaron en 2023. Desde entonces, la genética de Taurus llegó a Guatemala, Argentina, Uruguay y Brasil. Costa Rica está en proceso, y si los trámites avanzan, pronto se abrirían Colombia y Bolivia.
“Esto realmente nos pone en el ojo del mundo, pero lograrlo no fue fácil”, admite Rieder.
Cada mercado es una negociación distinta. Cada país tiene su propio protocolo sanitario y sus propios requisitos. Para habilitar el centro y abrir destinos, Taurus trabajó en conjunto con el Senacsa y otras entidades.
La combinación de mercados abiertos y Estación de Prueba de Toros es, según la gerente, lo que distingue a Taurus frente a otros centros genéticos de la región.

La rutina que hace la diferencia
Detrás de cada pajuela hay un equipo humano que, según Rieder, define el resultado.
“Todos ven el producto final, pero para llegar ahí hay un camino largo, con muchísimos detalles que uno podría considerar parte de la rutina. Siempre hay que ser muy detallista”, subraya.
¿Semen sexado? ¿Clonación? Están en el radar, pero no en la agenda inmediata. “Son proyectos interesantes y nos gustaría trabajar con alguno en el futuro. Por ahora estamos enfocados en la colecta, el congelamiento y la estación, y en especializarnos en eso”, aclara.

Margen para crecer
Paraguay se presenta como proveedor de alimentos para el mundo. Para sostener esa promesa, necesita más hacienda y más carne por hectárea. Y la genética es la palanca más rápida para lograrlo.
Rieder cree que el país compite bien con sus vecinos en tecnología y genética, pero advierte una deuda: la inseminación artificial y la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) apenas llegan al 30% a nivel nacional.
“Debemos seguir impulsando el uso de genética, generar más información y lograr que los pequeños tenedores de ganado también incorporen las tecnologías de mejoramiento genético y aumento del hato. Aún hay mucho por hacer, pero estamos por buen camino”, concluye.
En Ypacaraí, mientras tanto, la rutina continúa: más de 30 saltos por día, miles de pajuelas en nitrógeno líquido y toros paraguayos que, sin moverse del corral, cruzan fronteras.
