Los alarmantes resultados obtenidos en las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (Pisa) 2025, volvieron a ubicar a Paraguay entre los últimos países de la región y el mundo en lectura, ciencias y matemáticas.
Y no solo eso, además, los estudiantes paraguayos retrocedieron en todas las asignaturas considerando los resultados de las evaluaciones anteriores del 2022. En lectura, se lograron 21 puntos menos, pasando de 373 alcanzados hace cuatro años a 352 en esta oportunidad.
Desde el Servicio de Paz y Justicia Paraguay (Serpaj), expresan en un comunicado que, si bien la región en su conjunto muestra un deterioro en el desempeño educativo pospandemia, nuestro caso es particularmente crítico por la magnitud del rezago y la proporción de estudiantes fuera del nivel básico.
“Esta situación no se consigue de un día para otro; responde, en términos de política pública, a una direccionalidad definida por la persistencia del bodrio como modelo educativo”, manifiestan. Esto incluye dimensiones “aún más preocupantes” que no son abordadas por el informe Pisa que mide resultados de aprendizaje, advierten sobre el reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Lo que PISA no mide: la cara oculta del “bodrio” educativo
Entre las dimensiones que Pisa no aborda, según apuntaron desde el Servicio de Paz, se citan:
- Tasa de culminación de la Educación Media: solo el 56,3% de la cohorte 2014–2025 logró terminar los 12 años de escolaridad.
- Brecha rural: en zonas rurales, apenas el 35,6% de los jóvenes se gradúa del colegio; en departamentos como Amambay y Boquerón, solo 1 de cada 10 y 2 de cada 10 culminan, respectivamente.
- Población indígena excluida: el 49,47% de los jóvenes indígenas de 15 a 17 años no asiste a la escuela.
- Brecha de género en la población indígena: las mujeres indígenas solo alcanzan un promedio de 2,7 años de estudio, frente a 4 años en promedio para la población indígena y 9 años a nivel nacional.
- Barreras económicas y de distancia: el 57% de las personas que no asisten a instituciones educativas lo hace por cuestiones económicas y el 7% por la distancia de la escuela, especialmente en zonas rurales.

“Tampoco evalúa el impacto educativo de 19 medidas antiderechos implementadas entre 2013 y 2022 por gobiernos colorados (6 durante la era de Horacio Cartes, 9 durante la gestión de Mario Abdo Benítez y 2 durante el Gobierno de Santiago Peña), que desmantelaron políticas de igualdad de género y educación sexual conquistadas en décadas anteriores”, sostuvieron.
De la pobreza extrema al dogma: barreras que el Estado ignora
En Serpaj indican que todo lo anterior, es apenas un listado básico de decisiones que reflejan un desplazamiento del derecho a la educación como prioridad del Estado, mediante medidas que:
- Restringen contenidos necesarios para una educación integral, libre de discriminación y basada en derechos humanos.
- Reducen la inversión pública, contraviniendo el principio de progresividad y el compromiso de garantizar el máximo de recursos disponibles.
- Profundizan desigualdades al excluir perspectivas de género, diversidad e inclusión, afectando especialmente a poblaciones en situación de vulnerabilidad.

A continuación, citan un pensamiento del analista político Marcelo Lachi, principalmente sobre el cartismo: “Hay que asumir que finalmente las ideas neofascistas, han acabado impregnando una parte del conjunto de la colectividad, sus relaciones sociales y culturales, la manera misma de entender la convivialidad”.
De esta manera, llegan a incidir directamente en los comportamientos interpersonales, y acabando finalmente con alimentar en muchas personas el odio y la represión contra todo lo que es visto como “diferente”, “innatural”, “foráneo”, según el experto.
Del desastre a la excusa del idioma: por qué los parches no resolverán la crisis
Serpaj cierra el documento con una fuerte crítica al ministro de Educación, Luis Ramírez, quien había usado la excusa del guaraní para apuntar a los malos resultados de las pruebas.
Si bien el titular del MEC “no culpó” a nuestro segundo idioma oficial, afirmó en conversación con ABC Cardinal que argumentó que el 31% de la población solo habla guaraní, lo que genera una barrera estructural frente a evaluaciones en español.

“El 31% de la población paraguaya habla solo guaraní, el 36% habla los dos idiomas y solo el 29% habla español... Entonces hoy los mismos tomadores de la prueba dicen que el idioma influye muchísimo”, argumentó. Luego, aclaró que: ”No es que la culpa es del guaraní... es al revés: yo creo que si le tomáramos las preguntas y le permitiéramos al alumno expresarse en guaraní, rendiría mucho mejor, rendiría mucho más alto, esa es la realidad".
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En Serpaj apuntaron al respecto que es claro que Pisa no aborda estos problemas citados en el artículo, pero no debería dejarse de lado esta oscura dimensión política y sociocultural para entender los datos alarmantes que nos arroja. “De lo contrario, plantearíamos salidas como la sugerida por el ministro de Educación: preguntar en guaraní al aplicar la prueba internacional en nuestro país para mejorar nuestros resultados”, indicaron.
