Victorio Oxilia, profesor e investigador del Grupo de Investigación en Tecnologías Verdes (GITV) de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, en conversación con ABC Negocios, reflexionó sobre los recientes decretos de tarifas especiales para contratos electrointensivos de hasta 15 años. “Fijar tarifas hasta inicios de la década de 2040 sin un panorama claro del costo de Itaipú sería poco razonable. Esto indica que se está manejando un escenario de tarifas futuras de la hidroeléctrica”.
Crecimiento de la demanda eléctrica
El experto señala que desde la instalación de actividades electrointensivas, como la minería de criptomonedas, el Sistema Interconectado Nacional ha experimentado un aumento acelerado de la demanda.
Los contratos para estas actividades vencerán en 2027 y sirven como un laboratorio que permite evaluar la capacidad del sistema ante grandes consumidores. Según Oxilia, esto podría reducir significativamente los excedentes energéticos, tradicionalmente considerados un recurso disponible para exportación.
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“Los excedentes podrían pasar a ser mínimos en el corto plazo. Esto cambia radicalmente la perspectiva sobre cuánta energía podríamos ceder o vender a otros países y cuánto podríamos ganar con ello”, sostiene el investigador.
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Tarifa podría llegar a un mínimo de 9 US$/kW-mes, equivalente a 18 US$/MWh de energía firme
La negociación apunta a establecer una tarifa reducida para Itaipú, cercana al mínimo histórico de 9 US$/kW-mes (18 US$/MWh). Esta cifra permitiría mantener la política de desarrollo interno sin afectar de manera significativa las finanzas de la ANDE ni los precios para los usuarios. Sin embargo, Oxilia advierte que se podría buscar un valor ligeramente superior para generar excedentes económicos y eventualmente revisar los pagos de cesión de energía.
Actualmente, la ANDE recibe entre US$ 40 y 45 millones anuales por la operación de Itaipú, cifra que podría duplicarse o triplicarse si se ajustan los valores correspondientes a utilidades y resarcimiento, siempre destinados a inversiones en infraestructura energética.
El investigador explica que la visión inicial del Gobierno era relanzar un espíritu de cooperación mutua, con una perspectiva de largo plazo que priorizara el desarrollo nacional sobre la mera cesión de energía. Sin embargo, factores externos como el espionaje y los cambios en las alianzas internacionales –incluyendo relaciones con Estados Unidos, Taiwán, Israel y países exportadores de petróleo– obligan a replantear la estrategia regional.
Sostenibilidad y planificación energética
En medio de este escenario, la Facultad Politécnica de la UNA, a través del GITV, participa activamente en proyectos de planificación energética integrada a largo plazo con apoyo del BID. Oxilia subraya la importancia de priorizar la sostenibilidad, robustez y confianza del sistema eléctrico paraguayo, más allá del debate político inmediato.
“La discusión sobre el futuro del sistema energético debe ser prioritaria. Asimismo, en lo que respecta al manejo de las binacionales, la transparencia es clave, y la ciudadanía tiene derecho a conocer cómo se manejan los ingresos y los usos de los fondos de las binacionales, no solo de Itaipú sino también de Yacyretá”, añade.
Aunque una reducción de la tarifa de Itaipú sería favorable para la ANDE, el entrevistado advierte que el impacto directo sobre las tarifas de usuarios podría ser limitado. Esto se debe a que los beneficios serían compensados por el fin de contratos favorables actuales y la necesidad de inversión en infraestructura.
Por otro lado, existe la posibilidad de aumentar los royalties o la cesión de energía, generando un modesto beneficio para las finanzas públicas, siempre con un enfoque en inversiones estratégicas más que en gastos sociales temporales.
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Relaciones bilaterales: tradición y modernidad
Las relaciones de Paraguay con Brasil en el ámbito de Itaipú tienen una tradición sólida, según Oxilia. “Aunque el contexto político y económico cambie, sería difícil alterar la dinámica histórica establecida desde la firma del tratado. Durante los gobiernos de Lula, Paraguay recibió apoyos importantes en negociaciones previas, incluso en contra de recomendaciones técnicas”, recuerda.
Actualmente, con Lula enfocado en su campaña electoral, se espera que las negociaciones se desarrollen a nivel técnico y diplomático, con menos intervención directa de los líderes políticos.
Oxilia enfatiza que la estrategia clara y los objetivos definidos son claves para el éxito en negociaciones complejas. Las experiencias de 2009 y 2024 (con Lugo y Peña) demostraron que alinear los intereses nacionales con una visión estratégica permite resultados sostenibles y coherentes.
Asimismo, la integración de universidades, gremios, partidos políticos y la prensa en el debate energético ayuda a consolidar un marco de transparencia y planificación, evitando discursos excesivamente politizados y favoreciendo decisiones basadas en datos.
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Inversión y uso estratégico de la energía
Oxilia señala que Paraguay podría contemplar la importación de energía desde Brasil en el futuro, lo que requeriría inversiones para integrar estos flujos al sistema nacional. Este enfoque estratégico refleja un cambio de paradigma: de ceder energía hacia afuera a usarla como motor de atracción de inversiones dentro del país.
“La revisión del Anexo C ya no se centra solo en cuánto cederemos de energía, sino en cómo optimizar su uso para el desarrollo económico y la infraestructura energética de Paraguay”, concluye el investigador.





