El escenario de los negocios globales cambió. El 68% de las economías a nivel mundial creció su PIB per cápita; sin embargo, ya no basta con ser eficiente en la producción primaria o tener un PIB estable con un crecimiento sostenido de más del 4%,
Según el informe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en colaboración con el Growth Lab de Harvard, el desafío actual de los países es su capacidad de innovación y la interconexión entre ciencia, tecnología, emprendimiento y producción.
Para una economía como la paraguaya, que busca diversificarse y escalar en las cadenas de valor, los hallazgos de este informe son una hoja de ruta clave y una advertencia urgente, incluso para refinar algunos de los planes gubernamentales que resuena en la opinión pública.
América Latina y el Caribe tienen un sistema impulsado por la ciencia y la producción, la investigación científica aporta entre un 26 y 36% del potencial para innovar, sobre una sólida capacidad de producción que va del 43 al 53%, mostrando dificultades en conectar la investigación con las iniciativas empresariales y los avances tecnológicos.
América del Norte tiene un sistema más equilibrado. África muestra una alta dependencia de la investigación científica para aprovechar su potencial, mientras Europa y Oceanía dependen de las capacidades empresariales para impulsar su potencial, registrando los países del Viejo Continente la mayor pérdida de oportunidades (87%).

Crecimiento sin innovación es igual a estancamiento
El informe introduce un concepto vital: la complejidad económica vinculada a la innovación. No todas las capacidades valen lo mismo. Mientras que actividades básicas como la producción de materias primas son accesibles para muchos, las capacidades más sofisticadas —como la biotecnología avanzada o la inteligencia artificial— solo crecen en ecosistemas diversificados, preparados, educados y conectados.
El dato global inquieta: aunque el 68% de las economías aumentó su PIB per cápita en la última década, sólo el 30% logró incrementar la complejidad de su innovación productiva.
En términos simples, los países se están volviendo más ricos, pero no necesariamente más inteligentes en su forma de crecer y son poco innovadores. Esta trampa del crecimiento es la gran brecha para mercados emergentes en América Latina, como Paraguay.
Paraguay en el mapa regional
Aunque el informe destaca el ascenso de economías asiáticas como China, India y Vietnam, América Latina muestra un panorama de contrastes. El informe señala que nuestra región, junto con África, enfrenta dificultades sistemáticas para traducir sus capacidades de producción en innovaciones patentables.
En el caso específico de ecosistemas en desarrollo propuesto por OMPI, el informe advierte que suele existir una desconexión. Un país puede tener una producción agrícola exportadora robusta (producción), pero vínculos muy débiles con la investigación científica aplicada (ciencia) o con el registro de patentes (tecnología).
Paraguay, históricamente fuerte en la exportación de commodities, se encuentra precisamente en este punto de inflexión: cómo conectar su potencia productiva con la propiedad intelectual, la innovación y la tecnología.

Los cuatro pilares del éxito, según la OMPI
La OMPI propone analizar el ecosistema de innovación a través de cuatro pilares interconectados:
- Producción: capacidad de fabricar y exportar con estándares internacionales.
- Emprendimiento: comercialización y creación de marcas que den identidad al valor agregado.
- Tecnología: desarrollo de soluciones prácticas a través de patentes e I+D.
- Ciencia: generación de conocimiento fundamental y publicaciones científicas.
Para el sector empresarial paraguayo, según la OMPI, la dimensión de emprendimiento (marcas y modelos de negocio) y la de producción son las puertas de entrada más naturales.
Sin embargo, el informe es contundente: el salto real hacia el desarrollo ocurre cuando estas dimensiones se interconectan.
Sin una conexión entre la ciencia y la tecnología, la innovación se queda en el laboratorio; sin conexión entre el emprendimiento y la producción, las buenas ideas nunca llegan a las perchas del supermercado o a los puertos de exportación paraguayos.
El potencial sin explotar: solo 10% de lo hace
Uno de los puntos más contundentes del informe para la política pública y la inversión privada es el análisis del potencial tecnológico no aprovechado.
A nivel mundial, solo el 10% de las economías explota todo su potencial basado en las capacidades que ya posee.
¿Qué significa esto para Paraguay? Que es muy probable que ya existan conocimientos y procesos innovadores dentro de nuestras industrias y universidades, pero que no se están registrando ni comercializando como propiedad intelectual.
El informe sugiere que las intervenciones estratégicas —como mejorar los marcos institucionales y facilitar la transferencia de tecnología— pueden liberar este potencial acumulado sin necesidad de inversiones complejas e inaccesibles, sino simplemente mediante una mejor gestión del conocimiento existente.
Cómo crecer con inteligencia
El informe, además de dar un diagnóstico global, es una guía de acción para la industria local y los planes de gobierno. Para economías con perfiles similares al de Paraguay, las recomendaciones van desde diversificar hasta hacerlo con calidad.
Diversificación: no intentar ser líderes en todo, el éxito radica en identificar campos de oportunidad que están cerca de lo que ya se hace bien, pero que añaden una capa de complejidad técnica.
Fortalecer vínculos: el Estado y los gremios deben fomentar espacios donde investigadores y empresarios colaboren.
Enfoque en la calidad: concentrarse en áreas de alto valor y protegerlas con conocimientos complementarios.
Calidad del crecimiento
Paraguay llega a 2026 con una macroeconomía que es la envidia de la región, doble grado de inversión, apertura económica satisfactoria, inflación controlada, pero con el desafío pendiente de sofisticar su matriz productiva.
El informe de la OMPI recuerda que la innovación no es un lujo de países ricos, sino la herramienta que permite dejar de ser un país en vías de desarrollo para convertirse en una nación desarrollada.
La pregunta no es si Paraguay puede innovar, sino si estamos dispuestos a construir las conexiones necesarias para que el talento y la producción dejen de ser simples materias primas y se conviertan en propiedad intelectual paraguaya para el mundo.









