El Banco Central del Paraguay (BCP) realizó un segundo ajuste al alza a su proyección de crecimiento económico, pasando del 4,5% al 5% para este 2026, basado en mejores desempeños en servicios e industrias, aunque persiste una aparente desconexión de estas cifras positivas con la realidad que perciben los ciudadanos, ya que una encuesta realizada por la misma institución refleja un deterioro en la confianza que se hunde en el pesimismo en los últimos seis meses.

En relación al crecimiento, el economista Humberto Colman, ex viceministro de Economía y ex miembro del directorio del BCP, Humberto Colman consideró que la proyección del BCP está respaldada por los datos recientes de la actividad económica que reflejaban un repunte del 5,7% al mes de setiembre último.
Además detalló que hay algunos indicadores disponibles hasta septiembre que sugieren una recuperación del crecimiento durante el tercer trimestre, tras la contracción registrada en el segundo trimestre.
Según explicó, este dinamismo económico proviene principalmente de las manufacturas, la generación de electricidad y algunas actividades de los servicios, como el comercio, lo que fue internalizado en esta mejora de proyección por parte del BCP.

Sin embargo, advirtió que a la par se observan también indicadores que muestran señales de menor dinamismo en otros segmentos como el consumo, la inversión y las exportaciones primarias.
Pese a esto último, el economista consideró que existen perspectivas favorables para cerrar el año con un crecimiento elevado, incluso ligeramente superior a la última proyección del Informe de Política Monetaria del BCP, del 5%. Esta expansión se da tras un repunte del 6% en el Producto Interno Bruto (PIB) del 2025 y por encima de su potencial.
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¿Por qué este crecimiento sigue desconectado del bolsillo de la gente?

Pese a las buenas cifras de crecimiento económico, la percepción de los ciudadanos sigue afectado lo que se viene observando en el resultado de pesimismo en el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Dicho indicador mide la percepción sobre la situación actual y en el corto plazo sobre la economía personal y del país, en ambos escenarios (situación actual y corto plazo) arrojó un resultado por debajo de la zona neutral, o sea en zona de pesimismo en setiembre y por sexto mes consecutivo.
“El crecimiento económico y la baja inflación son resultados favorables, pero sus beneficios no llegan de manera uniforme a las familias”, afirmó Colmán.
El economista explicó que la menor inflación si bien ha permitido una recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores. Sin embargo, esta mejora parece insuficiente para impulsar significativamente el consumo.
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Debilitamiento de las ventas en supermercados y reducción del tarjeteo

Para explicar la desaceleración en el consumo, Colman mencionó que las ventas de supermercados muestran un crecimiento débil esto según se puede notar en el desempeño del Estimador Cifra de Negocios (ECN) más reciente donde muestra un avance de apenas 1,6%, mientras las compras con tarjetas presentan señales de estancamiento, lo que también suma el deterioro del Índice de Confianza del Consumidor que continúa en zona de pesimismo.
Colmán dijo que la economía podría crecer por encima del 5%, mientras muchas familias todavía no perciben una mejora significativa de su bienestar, y esto se debe, según indicó, quizás a la baja productividad e informalidad.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la informalidad laboral afecta a más del 60% de los ocupados en Paraguay.
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¿Qué medidas se necesitan para recuperar la confianza de consumidores e inversionistas?
En cuanto a las acciones que se debería impulsar desde el Gobierno, el economista opinó que es fundamental recuperar la confianza en las instituciones, tanto para recuperar el consumo como la inversión.
En ese sentido, dijo que lo primero debería ser fortalecer la credibilidad de las cuentas fiscales, ordenando los pagos pendientes, mejorando la eficiencia del gasto con un presupuesto de mejor calidad y estableciendo un programa creíble para reducir el déficit fiscal.
Asimismo, añadió que las recientes controversias sobre las condiciones tarifarias para las grandes inversiones, la supervisión bancaria y las decisiones sobre la concentración de recursos públicos en el ámbito financiero, generan incertidumbre y ponen de manifiesto la importancia de mejorar la credibilidad institucional.
Añadió que también será importante avanzar en concretar los grandes proyectos de inversión anunciados. La inversión privada necesita reglas claras, instituciones creíbles y políticas económicas previsibles.
Según Colman, las perspectivas para el cierre de 2026 siguen siendo favorables, incluso con posibilidades de superar las últimas previsiones oficiales. Sin embargo, reconoció que mantener este dinamismo durante el 2027 será más desafiante.
Preocupa señales de debilidad del consumo y pérdida de competitividad
En cuanto a los riesgos, mencionó que preocupan las señales de debilidad del consumo y la inversión, la pérdida de competitividad asociada a la apreciación cambiaria y un escenario internacional de tasas de interés elevadas.
En el ámbito interno, el principal riesgo es el deterioro de las cuentas fiscales, que podría afectar la confianza y encarecer las condiciones de financiamiento.
