Fuego y veneno

A la intensa sequía y bajante del río Paraguay, se sumaron los focos de calor, que en su mayoría fueron incendios forestales de importantes proporciones y que en algunos casos, se constituyeron en tragedias ambientales. Esto agravó la contaminación del aire y acentuó además la alta temperatura sobre el territorio nacional, una combinación que para muchos fue percibida como un verdadero año infernal.

El año estuvo marcado sin duda por los incendios y los bomberos fueron los verdaderos héroes del 2020.
El año estuvo marcado sin duda por los incendios y los bomberos fueron los verdaderos héroes del 2020.

Este año pandémico será sin dudas inolvidable para muchas familias e instituciones públicas que hicieron frente a múltiples problemas sanitarios, económicos y ambientales. En cuanto a este último aspecto, se registraron acontecimientos que dejaron importantes secuelas. Entre los sucesos que más sacudieron al país figuran los incendios forestales, sofocados en su mayoría con equipos de bomberos, aviones hidrantes y hasta ciudadanos que cooperaron con baldes y mangueras.

De acuerdo a los números que administra el Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay (CBVP), se contabilizaron 3.152 incendios forestales (pequeños, medianos y grandes) atendidos a lo largo del año 2020, que se reportaron a través de la Central de Comunicaciones y Alarmas (alfa) o el 132 Emergencias.

Entre los eventos que cobraron más notoriedad por las extensiones afectadas aparecen los incendios registrados en la Cordillera del Mbaracayú, del Yvyturusu, en la zona del Lago Ypacaraí, en el vertedero de Cateura, en varios pastizales y patios baldíos de Villa Hayes y el departamento de Cordillera.

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Pero sin duda una de las más grandes tragedias ambientales se dio en la Reserva San Rafael, en el Departamento de Itapúa. Los incendios forestales arrasaron con casi la mitad del total de 73.000 hectáreas de esta reserva, puesto que la superficie alcanzada por las llamas fue de 29.650 hectáreas, según datos del Ministerio del Ambiente.

El capitán Daniel Aquino, tercer comandante nacional del CVBP, indica que en los meses de mayor sequía se tuvieron aproximadamente ocho a nueve incendios por día en esta zona del país. Aclara que los datos corresponden solamente a los socorridos por el CBVP y que también se dieron otros incendios asistidos por otras instituciones.

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Explica que la asistencia y los trabajos de extinción del fuego tienen un alto costo operativo, que varía de acuerdo a la distancia y envergadura del evento.

“Para incendios grandes como el de los cerros mencionados se destinan en combustibles y aceites para los móviles y herramientas entre 5 y 7 millones de guaraníes, mientras que en insumos o logística, otros 3 a 5 millones de guaraníes”, añade.

En ese sentido, detalla que en los incendios de menores proporciones se gastan entre 2 y 4 millones de guaraníes en logística. “Todo eso fuera del costo de los equipamientos a nuestros bomberos”, puntualiza.

Humo por todos lados

La Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) había indicado que los incendios costaron más de G. 1000 millones en asistencia, considerando los refuerzos realizados con aviones hidrantes y otros equipamientos.

Además, el MSPyBS registró numerosos cuadros de alergias y respiratorios por la intensa humareda que se tuvo en el territorio nacional, que a su vez agravó el calor sofocante que se registra desde setiembre.

En el mes de octubre, un par de días se tornaron completamente grises debido a la intensa humareda que cubría el área metropolitana. La “tormenta de humo” generó indignación y temor en la ciudadanía, puesto que mientras caían cenizas, se oían los carros de bomberos ir y volver ante la alta demanda.

Los bomberos de todas las brigadas quedaron exhaustos y fueron testigos de la gran solidaridad ciudadana, debido a que muchas personas demostraron el agradecimiento por su labor mediante donaciones de agua, alimentos no perecederos y equipamientos.

Según los datos de la SEN y del Instituto Forestal Nacional (Infona), el país llegó a tener más de 12.000 focos de calor por día en un par de ocasiones. Cabe recordar que no todos los focos son precisamente incendios, ya que un foco de calor puede ser cualquier tipo de área que supere un umbral de temperatura determinado y que un conjunto de focos de calor ya puede ser considerado un foco de incendio al estar activo por un período de tiempo y ser confirmado mediante observación in situ.

No se sabe si los incendios son provocados o accidentales, pero las autoridades estiman que en la mayoría de los casos, hay intervención humana.

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Incendios provocados para seguir deforestando

En el caso de los incendios provocados, se da principalmente para posteriormente tener cultivos, legales o ilegales. A lo que se suma el otro enorme perjuicio a la naturaleza, que representa la deforestación.

Solamente en el Bosque Atlántico Alto Paraná (BAAPA), que abarca 10 departamentos del país: Amambay, Paraguarí, Concepción, Canindeyú, Caazapá, Alto Paraná, Caaguazú, San Pedro, Guairá e Itapúa, se registra deforestación de 1.282.989 hectáreas en casi dos décadas, según datos de la organización Global Forest Watch (GFW).

Ante ese tipo de atropellos al medioambiente, con los enormes perjuicios que acarrea, el Poder Ejecutivo promulgó en diciembre de este año la ampliación de la Ley 6.256, más conocida como “Ley de Deforestación cero”, que prohíbe las actividades de transformación y conversión de superficies con cobertura de bosques en la Región Oriental.

Aunque dicha normativa ya existía previamente, desde 2004, su vigencia fenecía a mediados de diciembre de este 2020, por lo cual organizaciones ambientales impulsaron el tratamiento urgente de la ampliación de esa disposición por al menos 10 años más.

Se espera que normativa contribuya a preservar los remanentes boscosos, principalmente de la ecorregión del BAAPA. En el proyecto aprobado se incorpora un artículo sobre incentivos para quienes conserven sus bosques nativos, con la exoneración del impuesto inmobiliario a fin de compensar a los propietarios. Además, se excluye a las actividades industriales y se limita los asentamientos a zonas rurales de la Región Oriental.

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Contaminación que agravó la crisis ambiental

Como si no fueran suficientes los incendios, se sumaron este año denuncias de contaminación de causes hídricos. En plena pandemia, el caso de la contaminación de la laguna Cerro de la compañía Piquete Cué de Limpio cobró gran notoriedad internacional, tanto que hasta el actor de Hollywood, Leonardo DiCaprio publicó algo al respecto en sus redes sociales.

El espejo de agua se tiñó de fucsia y despedía un fétido olor en la zona, lo que llamó la atención de los vecinos de los barrios Santa Lucía y San Francisco de la compañía de referencia. Ya en marzo de este año los pobladores habían advertido del caso al Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).

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Los estudios realizados por el Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas (Cemit) arrojaron que el cauce presentaba una fuerte contaminación con altos valores de sales utilizadas para la conservación del cuero.

De allí partió la investigación, apuntando primeramente a la curtiembre Waltrading SA, que llevaba tan solo meses de operación y se encontraba justo en el lindero de la laguna. Luego, se dio a conocer que a metros funciona otra curtiembre y lleva más tiempo en el lugar, que es Lecom. Esta no fue investigada.

Sobre las intervenciones por parte de la cartera estatal y de la Fiscalía de Medio Ambiente finalmente no se reportaron mayores avances, y todo indica que quedaron en el “opareí”, mientras que el caso puntual de Waltrading sigue a cargo de la Cámara de Apelaciones.

A inicios de diciembre, el camino de terraplén que dividía a dicha laguna se desmoronó y la contaminación “cruzó” al otro lado, recuperando así su curso natural. No obstante, los vecinos esperan que se revierta esta situación, volver a tener una laguna completamente saneada y, además, que las autoridades competentes actúen duramente contra los responsables de tal contaminación.

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Bajante sin precedentes

Aunque actualmente todavía persiste el estiaje, el 25 de octubre pasado en el Puerto de Asunción se registró el nivel de -0,54 m, el más bajo desde 1904, año en que se empezaron a generar las estadísticas.

En ese contexto, las bajantes registradas entre octubre y noviembre se tradujeron en múltiples inconvenientes a la navegación por el rio Paraguay, ya que pusieron a prueba la pericia de los capitanes de las embarcaciones en los pasos difíciles y para el cruce con otras naves o convoyes de barcazas.

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Entre muchos casos, se destaca lo sucedido en el referido tiempo crítico, en la zona de Pilar, cuando un grupo de barcazas petroleras, impulsado por la nave comandada por el capitán Nelson Del Valle, casi protagonizó un desastre ecológico.

Una de las barcazas, que era parte del convoy, al realizar una maniobra para el cruce con un barco convencional, tocó “fondo duro” sin señalizar, pero felizmente no se generó derrame gracias al sistema de seguridad, según rememora el capitán Del Valle, al relatar las difíciles situaciones por la bajante histórica.

“Tocamos fondo duro sin señalizar, fue un caso fortuito no documentado oficialmente. Su implicancia fue rumbo en el casco, parte de la obra viva, que en el lenguaje civil significa rotura en la parte sumergida de una de las barcazas petroleras, por contacto con fondo duro no señalizado”, según testifica el experimentado marino.

Explica que gracias a que la barcaza cumple con todas las normas de seguridad, tenía compartimientos estancos en el doble fondo, razón por la cual no hubo contaminación por derrame de hidrocarburos en el agua.

El capitán señala que dicho siniestro sucedió debido a la extrema bajante y a la falta de señalización. Destaca además que en el momento más crítico del bajo nivel del río, así como él, también otros capitanes debieron sortear los pasos difíciles, fraccionando los convoyes y aún así, en algunos casos fueron arrastrados por contacto con el fondo.

Gracias a importantes precipitaciones que se han registrado durante diciembre en las áreas de influencia del río Paraguay, hubo abundantes lluvias en las cuencas media y baja del río Paraguay, razón por la cual los niveles hidrométricos en los diferentes puertos tuvieron un repunte en sus niveles a lo largo de todo su curso, y actualmente la vía se encuentra con una tendencia ascendente.

Según los especialistas del sector, el calado ideal de la vía para que sea navegable es de 10 pies, pero con la situación actual se navega a 6 o 7 pies, disminuyendo el transporte al 60% de la capacidad instalada de las embarcaciones y a ello se suma que al tener pasos angostos, el sistema de navegación por empuje duplica o triplica el tiempo de viaje.

Actualmente el Paraguay mueve unas 13 millones de toneladas anuales con la navegación fluvial en distintos tipos de mercaderías (soja, carne, minerales, clínker, cemento, etc.), pero con las nuevas inversiones en el Norte del país -la planta de celulosa y la cementera, que están previstas para el 2023-, más el crecimiento de un millón de toneladas de las cargas desde el Alto Paraná, se estima que la demanda de transporte superará las 20 millones de toneladas.

A su vez, agregando el mineral hierro y la soja que se envía al Brasil, que son unas 10 millones de toneladas, el total proyectado en los próximos 24 meses son de unas 30 millones de toneladas, acorde con los datos de referentes del sector.

Por eso, hasta tanto no se defina un sistema de dragado sostenible en el tiempo, los dragados de mantenimiento son imprescindibles para mantener la navegabilidad de la vía, coinciden los referentes del sector, pues por los ríos se traslada casi el 90% del comercio exterior de país y cerca de 1,3 millones de metros cúbicos de combustibles importados.

Precisamente, Paraguay tiene como su principal producto de exportación a la soja y sus derivados, que solo pueden ser transportados de manera eficiente por vía fluvial. También los derivados de la cadena de la carne utilizan la misma ruta. Además, el 90% de las importaciones de ultra mar llegan a Paraguay por la vía fluvial, siendo así el mayor ingreso aduanero.

Por esos motivos, según el Centro de Armadores Fluviales y Marítimos, es importante para las recaudaciones que la vía de navegación funcione óptimamente. Todos esos rubros económicos se vieron afectados por la bajante del río Paraguay.

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Además del río Paraguay, varios arroyos, lagunas y tajamares quedaron totalmente secos debido a la falta de lluvias. Según la Unidad de Gestión de Riesgos del Ministerio de Agricultura y Ganadería, entre octubre y diciembre de este año se registró un 40% menos de lluvias en comparación con el 2019.

Esta situación fue generada por el fenómeno “La Niña” y a raíz de la gran cantidad de humareda producto de los incendios en todo el país. Afortunadamente en este último mes del año empezaron a registrarse mayores precipitaciones, las cuales ayudaron a mejorar la situación del río Paraguay, de las cosechas afectadas y también abastecieron de agua a las poblaciones más necesitadas.

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Un respiro que duró muy poco

Durante la cuarentena más restrictiva, donde muchas industrias pararon o al menos disminuyeron su producción, se vio una gran mejoría a nivel de contaminación de los cauces hídricos a nivel mundial. Algunos arroyos de Asunción y Central y hasta el Lago Ypacaraí presentaron un aspecto cristalino que no ha sido visto en las últimas décadas.

No obstante, la contaminación con residuos residenciales seguían inundando cada arroyo existente en todo el área metropolitana. Las basuras sobre todo salen a flote con cada tormenta, taponando los pocos desagües existentes.

El pequeño “respiro” que tuvo la tierra no duró mucho, y apenas se retomaron todas las actividades económicas nuevamente volvieron a saltar muchos problemas ambientales que van desde la contaminación hídrica hasta la polución del aire, debido al tránsito vehicular.

Los climas muy fríos que se vieron este año, las temperaturas muy elevadas, las sequías atípicas, el deshielo a nivel mundial, las inundaciones en varios países, los problemas sanitarios (como el nuevo coronavirus) y los grandes incendios forestales forman parte de las consecuencias de la crisis climática ya latente en el mundo.

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Muchos ambientalistas han planteado la necesidad de armonizar el crecimiento económico con la protección del planeta tierra que nos alberga. La crisis es innegable y ahora, además de preparar a la población para las consecuencias del accionar humano, instituciones como el Ministerio del Ambiente, el Infona y la Oficina Nacional del Cambio Climático tienen la difícil tarea de proteger los recursos naturales que nos quedan.