La informalidad no se combate solo con multas: 137.000 alumnos formados como futuros contribuyentes

Capacitación DNIT
La formalidad pasa por procesos de capacitación tributaria previos

En diez años, el programa de Educación Tributaria de la DNIT dio 1.638 charlas a 136.766 alumnos en 1.416 colegios de 667 ciudades. La apuesta es que enseñar impuestos en la escuela reduzca la informalidad de mañana, no que la persiga después. Colombia y España ya recorrieron ese camino.

En un aula de un colegio del interior, un grupo de estudiantes escucha por primera vez qué es un Registro Único del Contribuyente (RUC). Nadie les habla de multas ni de fiscalización: les explican que ese número los conecta, algún día, con la escuela, el hospital o la ruta que usan todos los días. Es una de las 1.638 charlas que la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) dio desde 2016, cuando decidió que la cultura tributaria del país se construye antes de los 18 años, no después.

Diez años, 137.000 alumnos

El programa arrancó en 2016 y hoy tiene números de política de Estado, no de campaña puntual. Entre 2016 y 2025 sumó 1.638 charlas, 136.766 alumnos y 6.208 docentes capacitados en 1.416 colegios de 667 ciudades, según los registros de la propia DNIT.

Solo en 2025 hubo 187 charlas, con 14.427 alumnos y 528 docentes. En el primer semestre de este año ya se realizaron 155 charlas más, con 5.074 estudiantes, 214 docentes y otros 29.858 profesionales y ciudadanos capacitados en formato presencial y virtual.

El contenido no cambió mucho en una década: qué es un impuesto, qué tributos existen, cómo funciona la factura electrónica y para qué sirve el RUC. Lo que sí cambió es el objetivo: la DNIT ya no busca solo que un adolescente entienda el sistema, sino que lo entienda antes de tener que usarlo.

El nudo es la informalidad

Paraguay arrastra un problema conocido: buena parte de la economía sigue fuera del radar fiscal. Y la informalidad, en muchos casos, no nace solo de la mala fe sino también del desconocimiento. Un emprendedor que nunca supo qué régimen le corresponde, o qué gana con tener RUC, difícilmente se formalice por voluntad propia.

Ahí está el cambio de enfoque que empuja la DNIT: educar sobre impuestos no puede terminar en la teoría. Tiene que llegar al paso siguiente, que es cómo inscribirse, cómo emitir factura y cómo sostener un negocio dentro de la ley. Un estudiante que entendió el sistema en la escuela llega al mercado laboral con una barrera menos.

La lógica es de largo plazo: que el informal de mañana nunca llegue a serlo. Es una apuesta que tarda años en mostrar resultados y que compite, todos los días, contra la percepción instalada de que formalizarse es caro, lento o innecesario.

Que el trámite no espante

De nada sirve una clase si después el trámite es un laberinto. La otra pata de la estrategia, menos visible pero igual de necesaria, es simplificar el acceso: guías digitales, atención virtual, tutoriales y plataformas en línea para la facturación electrónica y la gestión del RUC.

Conocimiento sin acceso simple se queda en la teoría. Acceso simple sin conocimiento previo tampoco alcanza. Los programas de educación fiscal que muestran resultados sostenidos en la región combinan las dos cosas: primero bajan la barrera de entender, después bajan la barrera de hacer. Un joven que salió de la charla sabiendo qué es el RUC, pero que después no encuentra cómo tramitarlo en dos clics, vuelve a cero.

Capacitación DNIT
El programa ha tenido un alcance de 135 mil alumnos

Las lecciones

Paraguay no inventó esta apuesta. En Colombia, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) lleva diez años con “Cultura de la Contribución en la Escuela”, un programa para primaria y secundaria que ya pasó por más de 75.000 estudiantes en once ciudades, con planes de sumar dieciocho más.

España sigue una lógica parecida desde 2003 liderado por la Agencia Tributaria con su Programa de Educación Cívico-Tributaria (PECT): jornadas de puertas abiertas en las oficinas de la agencia tributaria y charlas dictadas por sus propios técnicos, con la escuela como puente entre el sistema fiscal y la vida cotidiana del futuro contribuyente.

El denominador común entre estos programas no es la currícula, es la premisa: la cultura tributaria no se construye explicando de dónde sale la plata, sino mostrando a dónde va y qué habilita.

De alumno a contribuyente

Pedir una factura, entender para qué sirve un impuesto, saber por qué conviene formalizarse: son hábitos que se siembran mucho antes de que alguien facture su primer guaraní. La apuesta de la DNIT es esa, ganarle tiempo a la informalidad enseñando antes de fiscalizar.

El indicador que de verdad importa no aparece todavía en ninguna planilla: cuántos de esos 137.000 alumnos, ya adultos, se formalizarán más rápido o pedirán factura sin que nadie se lo recuerde. Esa es la métrica que un programa de una década debería poder mostrar.